La cruz | Sin parada, un barrizal en el arcén y denuncia por el trato de la conductora

Las 11.00 horas. Paco espera en la parada de San Cayetano, acompañado de su maestra y un voluntario, José Luis Martínez. Como cobijo una marquesina oxidada, llena de pintadas y rota. Quiere volver a León, pero las dificultades en el terreno para subir al autobús interurbano de vuelta -" el borde de la carretera es un barrizal sin acera, ni marquesina, ni paso a nivel, ni semáforo, ni luz-" le obligan a coger la línea que va a Monteleón y dar la vuelta, un trayecto en el que invierte veinticinco minutos. El autobús hace su parada, se bajan dos personas y arranca. La monitora corre para echarle el alto. Dentro del transporte, dos pasajeras protestan por el contratiempo. La conductora se queja porque ninguna de las personas que están con Paco le ayuda a bajar la rampa, tiene que hacer maniobra con el vehículo porque se queda demasiado inclinada, por la falta de acera, y ni Paco puede subir solo con la silla eléctrica, ni ella puede subirlo. Vuelve a protestar porque dice que se le está entorpeciendo y retrasando su trabajo. Deja a Paco en medio del pasillo, desprotegido. La maestra de Aspace le explica que el objetivo es que Paco pueda viajar solo, sin ayuda de nadie y le pide que le ponga el cinturón. «Que se lo ponga él o vosotros», dice. «Además, ¿tenéis permiso para hacer fotos?», pregunta. Finalmente coloca a Paco el cinturón de seguridad y le cobra. La maestra, Marta Roy, indignada por el trato, le pide el libro re reclamaciones, que le niega. La jornada acaba con la presentación de una denuncia en el Ayuntamiento, que ha dado cita a la maestra de Aspace para que el próximo jueves explique lo sucedido. Tras el primer incidente, el autobús hace su recorrido y llega hasta la urbanización de Monteleón. La conductora dice que hay que bajar. Marta, la maestra de Paco, le informa de que no puede apearse porque el objetivo es regresar a León, pero no pueden coger el autobús de vuelta por las dificultades del terreno, un consejo que siempre le han dado los propios conductores de los autobuses con los que ha practicado en otras ocasiones el programa, sin ningún problema. Veinticinco minutos después, el autobús vuelve a parar en San Cayetano, hora a la que debería haber montado Paco de no ser porque la parada no está preparada para el acceso de discapacitados. En esta vía hay competencias entrecruzadas. La carretera es propiedad del Ayuntamiento pero el transporte interurbano es competencia de la Junta. El responsable territorial de Fomento de la Junta, Ignacio Suárez, asegura que no tiene constancia de ninguna queja de los usuarios y que estudiará la posibilidad de colocar una marquesina en esa parada. Pero el arcén es un barrizal de difícil acceso en silla de ruedas. Allí no llegan aún los autobuses urbanos, salvo el que prolonga su servicio desde Eras de Renueva para dejar a los niños que acuden al centro. Un servicio iniciado en diciembre tras un acuerdo entre el Ayuntamiento y Alfaem. «Este autobús municipal entra en el edificio y repite la operación a las 14.00, para recoger a los niños, no necesitan ir a la parada», asegura el gerente de Alesa, Javier Lombraña, responsable del transporte municipal, «allí no hay paradas de autobuses urbanos, que será un asunto a plantear para dar servicio a los inquilinos de todas las viviendas que se está construyendo en la zona». El viaje de Paco termina en Padre Isla. La conductora cobra el billete a los nuevos pasajeros. Paco sigue en su sitio, con el cinturón puesto. Tras un rato de espera la maestra se dirige a la conductora y le dice que si puede manipular la rampa ella misma para poder bajar la silla y salir del autobús. «Pues claro», le contesta. Fin de trayecto. Paco no puede hablar, mira pensativo por la ventana y sonríe en los cruces de miradas.