Diario de León

| Crónica | Un invierno aciago |

El peligro silencioso

Los casos de intoxicados por inhalación de monóxido de carbono están siendo cadavez más frecuentes y este año se están dando, sobre todo, en la comarca berciana

Viviendas de la avenida de Asturias, en una de las cuales fallecieron los tres miembros de una famil

Viviendas de la avenida de Asturias, en una de las cuales fallecieron los tres miembros de una famil

Publicado por
R. López
León

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A la vista de los numerosos casos que se producen año tras año en la provincia de León, parece claro que toda recomendación es poca a la hora de manipular artefactos calefactores que puedan desprender el temido monóxido de carbono. En la mayor parte de los casos, las causas de los sucesos son siempre las mismas: una mala combustión y una ventilación inadecuada.

El monóxido de carbono es un gas altamente venenoso para las personas y los animales, que se mezcla totalmente con el aire y resulta difícil de reconocer porque no tiene color, olor, sabor y no irrita los ojos ni la nariz, y se produce cuando la cantidad de oxigeno es deficiente.

Once intoxicados en febrero

El mes de febrero ha sido especialmente aciago en lo que a número de intoxicados por monóxido de carbono se refiere, sobre todo en la comarca berciana. Allí es donde se han producido los casos más graves, como el de los diez intoxicados, entre ellos un bebé, en Ponferrada, precisamente por una mala combustión de un calentador de gas. Precisamente, también como en el caso de ayer, todos eran miembros de una misma familia y a cinco de ellos fue necesario trasladarlos hasta el Hospital de Vallecilla de Santander. El otro intoxicado fue un maestro de escuela de 45 años en Sueros de Cepeda.

Según las diferentes guías y manuales médicos y técnicos se sospecha de la presencia de monóxido de carbono en el ambiente cuando hay coloración amarilla o naranja en la llama, en lugar del azul normal o aparecen manchas, tiznado o decoloración de los artefactos, sus conductos de evacuación o alrededor de ellos. Olores extraños o no habituales, durante el funcionamiento de los artefactos a gas.

Su ingreso al organismo se hace a través de los pulmones y desde allí pasa a la sangre donde ocupa el lugar del oxígeno. Así reduce la capacidad de la sangre para transportar oxígeno y hace que las células no puedan utilizar todo el que les llega. La falta de oxígeno afecta principalmente al cerebro y al corazón. Los síntomas se confunden a menudo con los de la gripe o de una intoxicación alimentaría. Una intoxicación leve provoca debilidad, cansancio y tendencia al sueño; dolor de cabeza, náuseas y vómitos; dolor de pecho y pulso rápido.

Una intoxicación más grave se manifiesta con temperatura corporal baja, inconsciencia, respiración irregular y superficial; el paciente puede dejar de respirar presentando convulsiones, pulso lento, que puede ser irregular y tensión arterial baja. La recuperación, si se coge a tiempo, puede durar varias semanas. Pueden presentarse recaídas hasta cuatro semanas después del restablecimiento aparente.

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