Diario de León

La crisis y la aritmética parlamentaria llevan a los socialistas a cerrar el «cordón sanitario»

Crece la presión en el PSOE para que ZP alcance un acuerdo global con el PP

Ciertos sectores creen que la alianza con los nacionalistas es inviable tras los resultados electorales

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R. Gorriarán/P. de las Heras
León

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En la legislatura pasada nadie se lo planteó; al comienzo de ésta las voces que lo pedían eran pocas y tímidas; tras los resultados de las elecciones vascas y gallegas, las opiniones en el PSOE a favor de sellar un gran pacto nacional con el PP han adquirido un peso apreciable entre dirigentes, diputados y presidentes autonómicos. La estabilidad parlamentaria y las respuestas a la crisis son los dos grandes argumentos que esgrimen los socialistas partidarios de esta tesis que tropieza con la resistencia de José Luis Rodríguez Zapatero a arrumbar la estrategia de la geometría variable para pactar las leyes con unos y con otros.

Euskadi es el laboratorio donde se va a ensayar la primera alianza de socialistas y populares en una comunicad autónoma. Una experiencia que, según dirigentes del PSOE, puede ser «la palanca» para hacer lo propio en Madrid. Si el acuerdo es posible para desalojar al PNV del Gobierno vasco, sostienen los defensores del pacto, por qué no se va a poder fraguar en el Congreso para asuntos de Estado en los que los nacionalistas no son socios fiables. Fuentes del partido gubernamental mantienen que la respuesta a la crisis tiene que ser conjunta porque las dimensiones del problema hacen inevitables la adopción de medidas drásticas que tendrán un indudable coste político. Los ciudadanos, además, no comprenden que PSOE y PP anden a la greña por sus intereses particulares ante una depresión nunca vista. Asimismo, agregan los valedores de la gran alianza, hay cambios estructurales que no se pueden acometer en solitario. La reforma laboral, la unificación del mercado o el abaratamiento de los costes de los servicios son, entre otras, iniciativas que requieren el consenso de los dos grandes.

Sí se puede

El entendimiento es posible, arguyen las fuentes consultadas, porque si se ha conseguido en materia de lucha antiterrorista, algo impensable hace apenas un año, tiene que ser factible en otras áreas sensibles. El camino, subrayan, es el de la reciente conversación entre Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy sobre las dificultades que se ciernen sobre algunas entidades financieras. Un cara a cara entre los dos líderes podría sentar las bases de un acuerdo de mínimos que saque la respuesta a los grandes retos del legítimo enfrentamiento partidario, sin que sea necesario llegar al extremo de reeditar los pactos de la Moncloa, una idea propuesta por CiU que el Gobierno ni contempla.

Pero es que además está la aritmética parlamentaria, endiablada para los socialistas tras los últimos comicios autonómicos. El Ejecutivo ya sabe, y lo ha comprobado, que no podrá contar con el PNV si se materializa el cambio en Euskadi, algo que parece imparable; tampoco parece que pueda mantener el apoyo del Bloque Nacionalista Galego, decidido a marcar distancias con los socialistas tras el revés electoral. Unas desafecciones que no son baladíes porque estas dos fuerzas fueron las que permitieron aprobar los Presupuestos de este año. Con CiU, el PSOE casi ha dado la batalla por perdida porque los nacionalistas catalanes están convencidos que sólo desde una firme oposición en Madrid podrán recuperar el Gobierno de Cataluña.

Cambio de estrategia

El problema es cuando pasan a la oposición, donde están ahora, porque los nacionalistas concluyen que sólo podrán revertir esa situación mediante el enfrentamiento con el inquilino de la Moncloa. El abrigo parlamentario que pueden proporcionar las fuerzas de izquierda es escaso para un invierno de crisis, defienden los partidarios del pacto con los populares. El Gobierno puede contar con el auxilio de IU, Esquerra Republicana o Iniciativa per Catalunya para determinadas cuestiones sociales, por ejemplo para sacar adelante la reforma de la ley del aborto, pero para poco más.

Su peso numérico, cinco diputados, hace, además, que sean poco relevantes, y, encima, su estrategia para crecer también pasa por un distanciamiento del PSOE.

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