Máxima atención aunque no faltan las discrepancias entre los países
p.h. | madrid
Pocos jefes de Estado extranjeros han gozado de tanta atención en su primer viaje oficial a España. Y no porque quepa esperar un antes y un después de esta visita en las relaciones bilaterales con Francia, sino porque tanto el presidente francés como su mujer poseen un atractivo mediático fuera de lo habitual que no dudan en explotar. Más allá de las fotos, aún así, la cumbre hispano-francesa que se celebra este martes servirá para sellar la voluntad de entendimiento entre dos dirigentes de ideologías opuestas -”la UMP, el partido del mandatario galo, es formación hermana del PP-”, pero con una concepción similar de la política.
Sarkozy y Zapatero discrepan en cuestiones muy relevantes. El francés lleva años negándose al ingreso de Turquía en la UE y el jefe del Ejecutivo español, en cambio, lo defiende a capa y espada cuando tiene ocasión.
Tampoco coinciden en el trato que merece Kosovo, la provincia serbia que declaró unilateralmente su independencia en febrero del 2008: España no la reconoce como Estado, Francia sí. Además, ni uno ni otro han dudado en utilizar las miserias económicas del país vecino para sacar pecho ante los suyos. Si el presidente del Gobierno aseguró hace poco más de un año que España estaba en condiciones de superar a Francia en renta per capita, el mandatario galo deja caer cuando puede que España pierde empleo a chorros por no haber realizado las reformas estructurales que Francia acometió cuando debía.
Gestos impagables
Con todo, el presidente galo tuvo durante su presidencia de turno de la UE varios gestos de amistad que para el secretario general del PSOE resultan impagables. Fue él, por ejemplo, quien le puso una silla en la reunión del G-20 en Washington, un hito que el Ejecutivo socialista presenta como su mayor logro en política exterior. Es cierto que en las reuniones preparatorias tanto de esa conferencia, celebrada en noviembre, como de la posterior, a principios de este mes, sus negociaciones, idas y venidas, apuntaban hacia otras latitudes. Los encuentros con la alemana Merkel, y el británico, Brown, han estado a la orden del día y Zapatero, en cambio, ha quedado al margen de esas discusiones, como le ocurrió a la vicepresidenta Elena Salgado, en la reunión celebrada este fin de semana en Estados Unidos.