El desacoplamiento total de la PAC atenúa la deserción

Modesta y Melchor, con el pastor alemán que le ayudaba a pastorear
redacción
El doble filo de los derechos, que van junto a la venta de las ovejas en las prejubilaciones, ha cortado una mayor desbandada de ganaderos de ovino en edad de abandonar. Los precios han bajado, sí, pero la PAC receta café para todos a partir del próximo año. El desacoplamiento total -”sólo queda controlado el vacuno de carne-” permite que los derechos ganaderos puedan canjearse por tierra: no hace falta ni siquiera sembrar, sólo atestiguar las hectáreas, colocarlas en barbecho y esperar a que llegue el dinero europeo, a tantos euros por terreno. El ganado se vende y, sin hacer nada, se saca mayor rentabilidad. Entonces ¿para qué coger la jubilación anticipada? La pregunta resume el pensamiento de los que habían empezado a tramitar los papeles y se ha bechado atrás.
Es el futuro del sector primario leonés. Un horizonte, ya a la vista, en el que los pequeños y medianos sean más pequeños, más medianos, se arrinconen y acaben por entregar la plaza. Dinero fácil y campo abierto para los grandes productores, beneficiados por el caldo gordo que han hecho organizaciones profesionales agrarias al clamar por el desacoplamiento total. Nadie intercederá por la pervivencia de un modelo en el que pastores como Chorín sobran; ni el Gobierno, que tragó con el acuerdo de Bruselas, ni la Junta, que se llenó la boca con planes de apoyo y apuestas por un desarrollo rural despótico: todo para el agro, pero sin agro. «Este es el ejemplo del fracaso de la política de apoyo. Un esquema para que los ricos sean más ricos, que acaba con el sistema de mantenimiento del campo y el esfuerzo de profesionalización», sentencia Matías Llorente.
El listado de solicitudes de la PAC subraya este análisis. Sólo uno de cada tres perceptores de las ayudas europeas está dado de alta en la agraria; el resto, se acogen al sector primario como segunda ocupación o como provecho de los derechos arrastrados, pero sin mayor afán de futuro, de entregar el testigo a los que vengan para que el barbecho perenne no sea el cultivo básico.
Se van los jóvenes, dicen. Hay que darles oportunidades, claman. Pero en el corto plazo es mejor el dinero en mano que los cientos de pájaros que saluden las cosechas de mañana. Quien abandona cobra, pero no puede volver a producir: se ha visto con la leche, con la remolacha, ahora con el ovino. Productores profesionalizados que cubren más allá de un mercado interno que empieza a rebosar de entradas, como «los quesos de los países del este que tiran tufo a abono y no requieren trazabilidad, como exigen aquí», critica el secretario general de Ugal. Unas importaciones que cubrirán el vacío que quede. Productos que había aquí y que habrá que comprar para saciar la demanda que no mengua.
Porque detrás del último no vendrá nadie.