Reportaje | marco romero
Un adorno de 7.000 años
La polémica exhumación de los hombres mesolíticos de La Braña-Arintero eclipsó el hallazgo más relevante de la cueva funeraria, una joya única hecha con 24 caninos de ciervo que hasta hoy sólo conocía la comunidad cientí
Los restos fueron encontrados por unos excursionistas
Se trata del adorno personal más completo y mejor conservado del Mesolítico en la región Cantábrica. Pero hasta ahora sólo lo conocía la comunidad científica. Dos años y medio después de que se produjera el polémico hallazgo y exhumación de los dos hombres mesolíticos de La Braña-Arintero, en el municipio leonés de Valdelugueros, este collar sale a la luz por primera vez. No existe un conjunto semejante en todo el contexto arqueológico de la montaña cantábrica, puesto que hasta ahora sólo se conocía este tipo de evidencias en la cueva de Los Canes (Cabrales, Asturias), aunque sólo se habían recuperado cuatro dientes y su posible vinculación con un ritual funerario está más que cuestionada.
Sin embargo, el collar asociado a uno de los individuos de Arintero, cuyos restos aparecieron dispersos en un pozo a diez metros de profundidad dentro de una angosta cueva, se interpreta como un adorno personal cuya significación, desde el punto de vista simbólico, «está perfectamente atestiguada en contextos de naturaleza funeraria», explican los autores del estudio arqueo-antropológico que se sigue desarrollando sobre estos restos. «Incluso se han establecido hipótesis que relacionan estos elementos de adorno personal con un estatus privilegiado de sus portadores en el seno de la comunidad», matizan arqueólogos e historiadores en el artículo difundido en el número 5 de la revista Férvedes, editada por el Museo de Prehistoria de Vilalba (Lugo).
Como en Italia y Grecia . Los colgantes que servían como adorno a estas longevas poblaciones no son raros en el Paleolítico Superior y precisamente predominan los hallazgos de caninos de ciervo atróficos perforados -"hay 373 piezas documentadas-". Sin embargo, son muy escasos los ejemplares conocidos en la era mesolítica en toda Europa. De hecho, hay diferencias regionales en la selección de unas piezas dentarias frente a otras. En el entorno cantábrico, en Italia y en Grecia los dientes utilizados eran caninos de ciervo, mientras que en el resto de Europa se utilizaban dientes de zorro, según los estudios realizados por Esteban Álvarez Fernández para el Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria.
Su trabajo sobre los colgantes de los grupos de cazadores y recolectores en Europa menciona que la información sobre cómo obtenían los dientes con los que fabricaban los adornos es muy escasa. Los estudios sobre el dimorfismo sexual y al edad a través de este tipo de evidencias son prácticamente inexistentes. «En muy pocas ocasiones se compara la fauna que aparece en el yacimiento con las piezas perforadas, con lo que es muy difícil saber qué papel jugaron en la vida diaria de los grupos de cazadores recolectores».
Los datos proporcionados por diversas investigaciones realizadas en los yacimientos del Cantábrico y el Valle del Ebro indican que la mayor parte de estas joyas posiblemente procederían de los animales cazados, de los que, además de la carne, aprovecharían también los dientes, el asta y el hueso. En el caso de León, no se debería descartar, en este contexto cultural, que el collar proceda de animales cazados en otros territorios más alejados y que su presencia en el yacimiento se deba a intercambios entre grupos.
En todo caso, los autores del informe preliminar sobre el hallazgo de La Braña-Arintero se decantan por el carácter intencional que tuvo la colocación de ambos cuerpos en la cavidad, «consecuencia de un acto de naturaleza funeraria». El propio lugar -"un pozo circular que evoca los cavados en la tierra-" y la presencia de dos cuerpos tan cercanos avalan la teoría del uso sepulcral de la cueva por parte de estas poblaciones mesolíticas que frecuentaban los altos valles de la vertiente meridional de la Cordillera Cantábrica.
El colgante es el único resto antropológico que se asocia a los dos esqueletos recuperados en noviembre del 2006 con polémica, puesto que los restos fueron manipulados por los excursionistas que los localizaron, tal y como recoge en su introducción el estudio publicado en Férvedes. A pesar de ello, sí parece claro que el momento en el que se datan estos individuos es un Mesolítico en pleno desarrollo, pero con matices. Es posible que la región leonesa viviera un Mesolítico con rasgos propios, «derivados de su propia estructura geográfica y variabilidad medioambiental», aspecto del que los expertos, por otro lado, no se puede deducir un aislamiento de las poblaciones.