La crisis generada por el caso Gürtel anula la estrategia opositora del PP
Rajoy anima a los suyos a mirar a largo plazo y olvidar los avatares cotidianos, pero los dirigentes se quejan de que todo queda opacado por el manto de la corrupción
Rajoy saluda a unos niños tras su intervención en el acto de ayer en Vicar.
Mariano Rajoy previno a los suyos contra la euforia y la autocomplacencia después de haber ganado las elecciones europeas, el pasado junio. Pero pronto se demostró que su preocupación era injustificada.
El combustible que proveyó de ánimo a los populares a cuenta del triunfo electoral se agotó muy pronto y el partido vio cómo se consumía el impulso de la victoria ahogado en la parálisis política que provoca el caso Gürtel. Muchos dirigentes ven cómo la aparente pasividad de Rajoy ante los casos de corrupción debilita su labor de oposición, que queda anulada bajo los efectos del escándalo.
El empeoramiento de la delicada situación de Francisco Camps -”primer presidente autonómico que se sentará en el banquillo-” y el empecinamiento del tesorero de mantenerse en el cargo, a pesar de que el Tribunal Supremo avanza a toda velocidad hacia su imputación, conforman, hoy por hoy, la primera preocupación en las filas populares.
Sin embargo, su jefe hace gala de su inveterada actitud impasible y proyecta su mirada a lo lejos, en una perspectiva de futuro a varios años vista, sin dejarse conmover por las incidencias del día a día. «Yo voy a seguir adelante por nuestro camino», ya advirtió el pasado 9 de junio ante el Comité Ejecutivo al regodearse con el éxito electoral, especialmente ante sus críticos.
Liderazgo fugaz. El liderazgo fortalecido en las europeas resultó fugaz porque, apenas un mes después, ya tiene otra vez revuelto el patio interno a cuenta de su gestión del caso Gürtel. Parece lejana aquella proclama de Esperanza Aguirre que, el pasado 2 de junio, declaró que «Rajoy es el rey» porque acababa de ganar sus primeros comicios de ámbito nacional después de haber recuperado el Gobierno de la Xunta de Galicia y haber facilitado con su apoyo a los socialistas el cambio político de mayor calado de la historia del País Vasco.
La semilla de la discordia anida en la dirección nacional del partido, con partidarios y detractores de mantener a Luis Bárcenas en la tesorería, pero tiene un amplio reflejo en toda la escala de dirigentes.