Diario de León

Reportaje | Paula de las heras

De aquellos polvos estos lodos

Las heridas no cicatrizadas por las derrotas electorales son el caldo de cultivo para una desazón agudizada por la crisis

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No es que el PSOE haya estado en trance de desgajarse. Zapatero no se enfrenta hoy a corrientes internas ni a críticos con capacidad o ganas de promover una alternativa a su liderazgo ni a su gestión. No tiene contrapoderes como los que en su día hicieron frente a Felipe González. Lo que el PSOE vive desde hace meses es algo más difuso, un desánimo a veces nada sutil que, ya un julio, un fiel zapaterista definía con un gráfico refrán: «cuando no hay harina, todo es mohína».

El problema para el presidente es que desde que su partido perdió las elecciones gallegas del 1 de marzo y, a continuación, las europeas de junio no ha sido capaz de articular una política ilusionante ni de poner en marcha una iniciativa que aglutine a los suyos detrás. El proyecto de ley del aborto suscita serias dudas, y ese amagar y no dar continuo con la subida de impuestos lleva sembrando de desconcierto a diputados y dirigentes socialistas demasiado tiempo.

El origen de todos los males sigue latente. Fue la falta de un examen de conciencia riguroso sobre por qué se habían perdido las elecciones lo que despertó las turbulencias. La vieja guardia desató la lengua y sus críticas tuvieron eco. Y apunta en dos direcciones, las críticas a la gestión de Zapatero en sí y su mala política de personal.

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