Diario de León

La saturación de presos impide abrir el módulo de respeto femenino

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a. gaitero | mansilla de las mulas
León

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La prisión de León es pionera por la creación de módulos de respeto, espacios penitenciarios cuyo régimen de vida se sustenta en «valores, hábitos y actitudes socialmente normalizados» con participación voluntaria y activa de los penados.

Brasil y Francia -”dos técnicos del país galo visitaron la prisión a primeros de octubre-” son dos de los países que se han interesado por este nuevo sistema de «autogestión» de las cárceles españolas lanzado desde León hace tres años, pero vetado a las mujeres por falta de espacio.

De los catorce módulos que hay en León, nueve se rigen mediante esta organización comunitaria, con diferentes grados de exigencia. El décimo es el módulo mujeres y otros cuatro se mantienen con el régimen ordinario, incluidos los primeros grados y aislamientos.

«Poner en marcha un módulo de respeto femenino supondría cerrar uno de hombres y tenemos problemas de saturación con la población penitenciaria masculina, pero no con la femenina», explica el director de la cárcel, José Manuel Cendón.

Las mujeres reivindican la puesta en marcha de un módulo de respeto femenino: «Hay más calidad de vida, más ocupación y es lo más cercano a llevar una vida normal, algo que facilitaría mucho la reinserción», opina Sandra Contreras.

«Creo que a muchas no les gustaría porque un módulo de respeto supone más normas y más reglas», señala Sofía, una presa para quien la posibilidad de estar «a su aire» en el módulo o en el patio es el mejor sustituto a la irremediable privación de libertad de su condena.

Como alternativa al módulo de respeto, la dirección del centro está diseñando un programa especial para mujeres. Se trata de implantar en un mismo módulo un régimen de vida en dos fases. Una de ellas proporcionará a las mujeres presas «más oportunidades de movimiento en la prisión y de realizar actividades fuera del módulo, pero al mismo tiempo un mayor nivel de exigencia», explica el director.

La vida diaria en un módulo de respeto comienza a las 7.45. Hay que levantarse, asearse y hacer la cama. Antes de salir la habitación tiene que estar en perfecto orden: ropa doblada, suelo, escritorio, pianos, ducha, espejo y lavabo limpios, zapatos en el suelo y fotografías y papeles en el corcho. A las 8.45 horas se reúnen con el educador.

Quienes ingresan en un módulo de respeto son recibidos por el funcionario o funcionaria (desde hace un año hay escala única) y por la comisión de acogida, cuya misión es «ayudar a encontrar compañeros afines» y asignar al nuevo interno uno de los siete grupos de trabajo organizados: limpieza, reparto correcto de alimentos, cuidado de enseres...

Premios y castigos. Además de las tareas del módulo, cada preso tiene especificadas sus actividades personales en el diario o PIT (programa individualizado tutorizado) que actualiza cada día el educador. Para que los conflictos cotidianos se resuelvan en casa existe una comisión de convivencia, con la finalidad de que medie y oriente en la resolución de los problemas. La violencia física o verbal son motivo de «expulsión inmediata». Pero asumir la «vida normalizada» dentro del módulo tiene premio: 90 días por año para acceder a la libertad condicional.

Cuentan también con una comisión de ayuda legal que ofrece apoyo gratuíto para realizar «escritos, recursos y responder a dudas de índole legal y jurídica» con sede en el sociocultural, el módulo donde se ubican aulas, salón de actos, la piscina y otros espacios para facilitar la formación y el ocio en la cárcel.

También hay una comisión de cultura y deporte que planifica eventos culturales, charlas para la programación semanal y competiciones deportivas. Por último, la asamblea de representantes está integrada por los responsables de cada grupo de trabajo en el módulo, miembros de comisiones e internos que voluntariamente quieran asistir.

Para mantenerse en un módulo de respeto hay que superar la evaluación semanal. A diario el funcionario del módulo califica la actividad de los presos: normal (si ha hecho las actividades), positiva (si destaca en algo) o negativa si incumple normas.

La calificación diaria determina la evaluación semanal y también influye en el grupo: se da preferencia para elegir los trabajos del módulo a los grupos con mejor puntuación en la evaluación semanal. La acumulación de negativos supone la expulsión del módulo. La actividad está pautada por horas: 9.30, 11.00 y 17.00 horas. No hay mucho tiempo para estar en la celda.

Cada módulo de respeto está «especializado» en un perfil. El módulo 7 fue el pionero y tiene todo tipo de internos, aunque atiende a algunos perfiles como violencia de género y agresión sexual. Los módulos tres, cinco y ocho tienen programas de drogodepencias en diferentes fases. Lo normal es que del ocho salgan a programas terapéuticos en tercer grado: Aranda de Duero, Palencia y Vaquerín de Campos, Zamora (alcoholismo) y San Román de Bembibre, en León. Por esta razón, es el único donde sólo vive un preso por habitación.

El seis se orienta a internos más interesados en el deporte; el 13 está destinado a internos que trabajan en talleres (algunos están en el cinco) o en los destinos de la prisión y el 12 sirve como módulo de respeto de acogida para nuevos internos.

José Manuel Cendón explica el objetivo a la redacción de In Voce : «El fin de los módulos de respeto es crear un nuevo tipo de cárcel alternativo a la tradicional y mitificada subcultura penitenciaria que choca con los objetivos de reinserción».

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