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«¡Cállate! ¿Estás casada? ¿Cuántos años tienes?»

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m. Romero | león
León

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Andrés Mayo (1968) saldrá de prisión con 61 años de edad. Para entonces, sus deseos sexuales habrán disminuido y se supone que si es sometido a algún tipo de programa en el centro penitenciario sus pautas de conducta serían otras dentro de veinte años, por lo que, teóricamente, la posibilidad de que reincidiera en delitos sexuales sería mínima. Pero sólo en la teoría. La práctica de la medicina forense y la psiquiatría no dicen lo mismo. Ni siquiera de la psicología.

El perfil del violador en serie, un enfermo sin tratamiento posible, es el de alguien que entiende el daño que hace, pero le da lo mismo porque no llega a sentir el mal que ocasiona. La frialdad extrema hacia sus victimas les lleva en ocasiones a jactarse de lo que han hecho. Interpretan mal y distorsionan los estímulos, lo que lleva a pensar que son como daltónicos de las emociones.

«Está comprobado que no hay tratamiento. El cambio que pueden sufrir estas personas es mínimo. Hay que pensar que llegan al goce humillando a otras personas. Aunque se han hecho tratamientos psicológicos, los resultados son mínimos», indicó el catedrático de Medicina Legal en la Universidad de Oviedo, Rafael Hinojal Fonseca.

«La mejor opción es la cárcel». Este departamento ha realizado una investigación relacionada con los agresores sexuales en serie, para la que realizaron varios estudios de personalidad dentro de la cárcel. El trabajo concluyó que este tipo de personajes antisociales en la calle se convierten en personas «extrovertidas y muy relacionadas». «Sigo pensando que la mejor opción para un violador en serie es mantenerlo en prisión, aunque no sea políticamente correcto decirlo». Según sus estudios, existe en las mentes de estos agresores un componente de dominio sobre las mujeres en el que necesitan desarrollar un acto de violencia y la resistencia de la víctima.

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Castración. Es en este ámbito cuando entra en debate la castración química, una terapia hormonal que inhibe la secreción de testosterona y reprime la libido. Pero este tratamiento no suele ser la solución porque la sexualidad no sólo es el resultado de las hormonas, sino que ésta también tiene un importante ingrediente imaginario, mental. Además que en España sólo se puede aplicar voluntariamente. «No da resultados, como ya se ha demostrado en otros países, porque sobre el cerebro no se trabaja», explicó Hinojal Fonseca.El doctor Julio Bobes, catedrático de Psiquiatría en la Universidad de Oviedo, recordó que los centros penitenciarios tienen como objetivo privar de libertad, «no facilitar tratamientos especializados». No obstante, subrayó que el programa de la prisión de Villahierro dirigido a agresores sexuales «aportó notables resultados». En su opinión, existe «una insuficiencia terapéutica» en las prisiones en este ámbito, como lo demuestra la supresión del citado programa en la prisión leonesa.