«Violar a una mujer sale barato»
De viaje casual a Galicia, hace dos días se encontró con la imagen de su agresor en el informativo de medio día. «Me paralicé cuando le vi. No sabía ni qué decir», confiesa. Es una de las, al menos, once mujeres que fueron agredidas sexualmente por el violador del chándal a principios de los años 90. «No tendría que haber sido condenado otra vez porque no tenía que haber salido de la cárcel jamás», afirma con cierto tono de rabia. Porque «impotencia» es lo que siente.
Tenía 25 años cuando Andrés Mayo abusó de ella y no volvió a escuchar su nombre hasta los 45, cuando le detuvieron en La Coruña por varias agresiones sexuales. Se quedó sin habla. «Intentó matarme y estaba escuchando que seguía haciendo lo mismo a las mujeres. ¿Cómo es posible que no le vigilaran?». Esta mujer no cree en la justicia -«no me creo que este tío se quede en la cárcel»-, considera que la reincidencia del violador es un fracaso de jueces y de todo el sistema penitenciario -«la justicia todo lo minimiza»- y opina que los delincuentes sexuales todavía no reciben el castigo que merecen -«la justicia es machista»-.
«Yo era joven cuando me ocurrió todo esto, pero veinte años después es más de lo mismo. Este tipo de hombres que violan, pegan y actuan tan brutalmente no pueden reinsertarse; es gente enferma que no se rehabilita». «Además -sentencia-, por lo visto agredir sexualmente a una mujer con paliza sale barato», en referencia a las multas impuestas por la sentencia: de 2.300 a 16.000 euros.