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La empresa familiar Hermanos Morán abre la tercera conservera en Fresno

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La empresa familiar Hermanos Morán acaba de cumplir veintiún años desde que Francisco, José, Antonio y Quico la echaron a andar. Ahora trabajan 90 hectáreas de huerta y abastecen de verduras los mercados de Castilla y León, Santander, Bilbao, La Rioja, San Sebastián, Asturias, Galicia y Mercamadrid.

La nueva nave, que cuenta con cámaras frigoríficas para recepción y verdura en limpio, tiene una máquina lavadora de puerros y acaba de estrenar la seleccionadora de pimientos. La conservera estima una producción de 60.000 botes de pimiento morrón este año.

«Mi padre era hortelano y cuando murió dos hermanos trabajaban con él y yo por mi cuenta. Nos unimos los tres y mi hijo», señala Francisco Morán, el mayor del clan. «Hemos evolucionado, empezamos en la tierra sacando remolacha», señala Antonio Morán. Y se han sumado a la sociedad Josesín, Begoña, Angelines, Geli, Maruja, Tere, Chema, Cristina e Inés, hijos, hijas y esposas de los fundadores. Una empresa, además, paritaria.

En temporada, hay contratadas más de 30 personas en esta empresa donde aún se recuerdan los viajes a los mercados «con el carro de la rueda de hierro». Ahora los pimientos, como el resto de hortalizas, se plantan con la ayuda de una máquina y con máquina, y sumo cuidado, se recolectan.

«¿Futuro? Creemos que lo tiene. Empezamos hace veinte años poniendo pimientos con la zoleta y regando surco por surco tapando con una pala. Ahora los plantamos con una máquina, como todas nuestras hortalizas, y regamos a goteo», explica.

Agua, abono y plástico ortofragmentable que sustituye a los herbicidas y a la zoleta de toda la vida son los únicos ingredientes del pimiento, además de mucha pasión. La empresa cultiva 14 hectáreas de la hortaliza reina en Fresno, tres son de pimiento morrón. «El pimiento morrón lo tenemos para la conservera y para vender el día de la feria del pimiento en Fresno; fuera de aquí es difícil llevarlo porque es muy delicado y se estropea. Para ese mercado se vende mejor el híbrido», admite.

La conservera da respuesta «a la demanda de un producto de calidad que en fresco dura dos meses», señalan los Morán. La industria, que se suma a las de Vega-Esla y La Huerta de Fresno instaladas ya en el pueblo, cuenta con autoclave de última generación, tapadura automática y cierre de vapor y asa los pimientos en horno de gas natural.

Pero hay tradiciones vivas para que el pimiento morrón siga siendo un manjar: Rotación de cuatro años en las tierras, semillas seleccionadas de cosecha en cosecha entre «los más guapos». «Y la vela de la abuela Dioni para que no caiga piedra», apostilla Begoña Morán, la benjamina de la empresa.

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