La crisis del «Alakrana» deja heridas sin cerrar en el interior del Gobierno
Los desajustes entre los ministros en la gestión del secuestro siembran inquietud en el PSOE, que opta por defender que lo importante es el final feliz del suceso
Meter la pata cuando uno vota una ley en el Congreso de los diputados es más fácil de lo que puede parecer a primera vista. Acertar con el botón implica estar atento a los dedos del chivato que se encarga de soplar al resto del grupo, mano en alto, si lo que toca es un sí, un no, o una abstención. El día 12 el Gobierno tenía una votación compleja. Había que sacar adelante la reforma de la ley de financiación autonómica que tantos quebraderos de cabeza le ha costado y los números estaban muy justos. Aún así, tres ministros, sentados uno junto a otro en la bancada azul, se enfrascaron a la vista de todos en una acalorada conversación. La ministra de Defensa, Carme Chacón, parecía explicar algo con vehemencia al ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, y al titular de Fomento, José Blanco. Faltaban cinco días para la liberación del Alakrana .
La charla de estos pesos pesados del Ejecutivo no afecta a la votación, pero hubo fotografía. Hacía pocas horas que las desavenencias entre la vicepresidenta De la Vega, y la responsable del Ejército habían desbordado las ranuras de la célula de crisis de La Moncloa. Desde entonces, De la Vega ha tratado de negar la existencia de la más mínima fisura interna.
Zapatero ha tratado de correr un tupido velo. El lunes, en la ejecutiva del PSOE hizo un llamamiento a la «unidad y la prudencia». Pero no es fácil encontrar a alguien satisfecho, en el PSOE o en el propio Ejecutivo, con el modo en el que se ha hecho frente a esta crisis.
«El primer error -”afirma un miembro de la dirección-” fue el trato a las familias; parece mentira que en un país como éste, en el que desgraciadamente tenemos una larga experiencia con las víctimas del terrorismo, nadie optara por seguir ciertos protocolos». Hasta el día 5, un mes largo desde que se produjo el secuestro, ningún ministro se puso en contacto con las familias, esa relación corría a cargo del secretario del Mar, Juan Carlos Martín Fragueiro.
La crítica interna no se centra tanto en las actuaciones del Gobierno en sí. Muchos coinciden en que el fenómeno de la piratería es demasiado novedoso como para saber cuál es la mejor manera de enfrentarse a él y se aferran a que, al fin y al cabo, los 36 marineros salieron ilesos de la captura. Lo que no entienden es que el Ejecutivo no hablara en todo momento con una única voz, que no se supiera quién llevaba las riendas.
¿Rescate pagado por los soldados?. Mientras, Rajoy se hizo eco de la información del grupo Vocento sobre el pago del rescate con un avión militar. «Exijo al Gobierno que desmienta esta información y si no lo hace el Gobierno habrá demostrado que ha mentido una vez más a los españoles», aseguró.