«Tenemos desde ingenieros a desempleados»
El programa de rehabilitación de maltratadores Trébol, de la fundación Cals/Proyecto Hombre echó a andar en el 2007. En verano de aquel año, Instituciones Penitenciarias lo acreditó como programa oficial para derivar a los penados desde sus servicios sociales.
Se puso en marcha en León con la idea de extenderlo a otras provincias. Pero a día de hoy sólo funciona en León y en Córdoba. No ha logrado apenas financiación, pero ha atendido a 220 personas -”el 95% hombres y el 5% mujeres-” desde su implantación como programa oficial, ya que la suspensión de la concena se aplica tanto a penados por violencia de género como por violencia doméstica (madre/padre sobre hijo/hija o viceversa; mujer sobre marido, etc.).
Todos los casos que recibe el programa Trébol proceden de los servicios sociales penitenciarios. Tras una entrevista individual previa -”explican la psicóloga y la trabajadora social-” se decide la admisión o exclusión del programa.
Las dificultades en la comprensión del lenguaje, las conductas violentas o la actitud reiterada de negación del delito son motivos de exclusión del programa. «Son casos excepcionales», señalan.
El programa se inicia con estas primeras sesiones individuales y continúa con 44 sesiones grupales -”principal diferencia con el programa Fénix de la Junta, que no contempla los grupos-” que se prolongan durante dos años, gradualmente espaciadas en el tiempo.
«La primera reacción es de resistencia. Piensan que es injusto que tengan que ir obligatoriamente», explican las profesionales. Las pautas de convivencia en grupo crean un clima que terapéutico que «les hace ver que esto no es un juzgado y lo que les proponemos es una mejora en su vida cotidiana», agregan.
A partir de este momento, comienza el trabajo con la autoestima y las emociones, especialmente la ansiedad, los celos y la ira. Se hace hincapié también sobre las consecuencias del delito y empiezan a establecer mecanismos de empatía con las víctimas.
En casi tres años de funcionamiento, el programa ha observado que, por lo general, los hombres que maltratan «tienen escasas habilidades sociales» pese a que su perfil profesional, de edad y cultural es muy diverso: «Hemos atendido a personas de 18 a 70 años, tenemos desde ingenieros a desempleados, empresarios, comerciales, obreros...».
El maltrato físico predomina entre los hombres con más bajo nivel cultural, mientras que «a mayor nivel, las formas de violencia son más sutiles», desde la psicológica a la económica.
Pero son «personas normales», subrayan, no son alcohólicos ni enfermos mentales. Sólo en el cinco por ciento de los casos se ha detectado problemas con el alcohol o patologías psiquiátricas.
Conductas sin castigo social. Su problema es que «tienen normalizada la relación a gritos, insultos y amenazas» y se sorprenden de que ahora les denuncien por ello: «La he hablado así toda la vida y ahora va y me denuncia», suelen decir en el programa. Esto tiene mucho que ver, sospechan, con el hecho de que «el entorno social no lo castiga, no está mal visto».
Frecuentemente, estos hombres se niegan a creer que es su mujer o su compañera quien les denuncia. «Dicen que fue la vecina, la suegra o la amiga... tienen una amalgama de sentimientos muy confusa».
Y las mujeres, sus víctimas muchas veces también. «A veces son ellas las que vienen aquí a decirnos que es injusto que tenga que hacer el programa». La dependencia emocional y económica es la que, según las expertas, lleva a estas actitudes.