Diario de León

josé enrique martínez | CAtedrático de la ule

«-Las estaciones provinciales- funda la ciudad inventada»

José Enrique Martínez y Alfonso García, ayer, durante la conferencia.

José Enrique Martínez y Alfonso García, ayer, durante la conferencia.

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cristina fanjul | león
León

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El catedrático de Literatura de la Universidad de León, José Enrique Martínez, desmenuzó ayer la fundación de la ciudad inventada en la novela de Luis Mateo Díez, José María Merino y Juan Pedrao Aparicio. Comenzó realizando un esbozo acerca de las ciudades representadas por Balzac (París), Umbral (Madrid), Galdós, Mendoza (Barcelona), Borges (Buenos Aires), Joyce (Dublín), Kafka (Praga) o Pessoa (Lisboa), para pasar a continuación a referirse al dibujo realizado por Victoriano Crémer en Maqueda o Maceda. También se refirió el catedrático a Yoknapatawpha, el condado que Faulkner construyó a partir de los paisajes y personajes de Mississippi o a Macondo, el atlas de las historias de Gabriel García Márquez.

Pero, José Enrique Martínez utilizó estas recreaciones geográficas como vestíbulo para adentrarse en la mitificación de la provincia y la ciudad realizada por los discípulos de Sabino Ordás, el alterego creado a partir de la imaginación compartida de Luis Mateo Díez, José María Merino y Juan Pedro Aparicio. «Los personajes de sus novelas recorren breves itinerarios sin pararse en la descripción», dijo.

Profundizó en Las estaciones provinciales , la primera novela larga del escritor lacianiego, que calificó como la novela fundadora de la ciudad inventada. «En esta obra, el mundo arraiga en la memoria personal e histórica, legendaria», destacó el catedrático, que añadió que este universo no se muestra como un almacén de materiales, sino como un lugar dinámico en el que la memoria se convierte en alimento de la imaginación.

Se refirió así el conferenciante a los nombres de los personajes, para los que echa mano Luis Mateo Díez de la toponimia de la provincia, añadiendo con ello connotaciones nuevas. Además, y citando a Ricardo Senabre, José Enrique Martínez explicó la atmósfera con la que el escritor rodea los paisajes de su novela: «El tema es la vida como degradación y ruina, la vida destinada a la degradación y al olvido». Esta ruina afecta por igual en esta ciudad inventada a personas, lugares y objetos. Como ejemplo, puso José Enrique Martínez la nieve, que impregna en la mente del lector la idea de una ciudad «abandonada a su suerte, atada y maniatada, muerta».

Un León perdido. El ponente destacó el hecho de que el autor traza el paralelismo con el León de los años cincuenta -"salido de la guerra y la desesperación del hambre y la cárcel-" subrayando todos los aspectos que demuestran que los intentos de dignificar la vida en la ciudad eran inútiles. «La sociedad no tiene otra posibilidad que arrastrarse por donde la dejan o la encaminan», aseguró. Así, se refirió a las discapacidades con las que dibuja el autor a sus personajes y a las chanzas y burlas con las que el resto de caracteres se refieren a sus taras.

Lo mismo ocurre con el callejero, radiografía vital por la que Luis Mateo Díez transitó en su adolescencia y juventud. Así, aparecen calles como Ordoño, Lancia o Ramón y cajal, bares como el Benito, cines como el Mary o clubes como el Casino o la Venatoria. A través de todos estos escenarios, recrea el autor una ciudad que, según José Enrique Martínez, esconde los esplendores perdidos.

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