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Reportaje | ana gaitero

«Aprendí a manejar ficheros en la mili»

Valentín Yugueros, alma de la biblioteca regional durante 34 años

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Valentín Yugueros fue el alma de la Biblioteca Regional Mariano D. Berrueta durante 34 años. Entró en 1972 como ordenanza, tras haber pasado un tiempo en la sala Provincia, y desde el primer día le llamó la atención que no entrara gente.

Era bibliotecaria Águeda Domínguez, hija de Mariano Domínguez de Berrueta, que pese a no ser el fundador dio nombre a la biblioteca regional. «Ella daba clase en la escuela Normal y por aquí pasaba poco, así que yo dejaba los libros para que los consultaran en la sala». Valentín Yugueros tenía una ventaja a su favor: «Aprendí a manejar ficheros en la mili, porque estuve tres años en el servicio de topografía del Ministerio del Ejército, aunque aquí todas las fichas estaban hechas a mano».

Pero pronto el fichero empezó a estar en su cabeza. «El bibliotecario tiene que ayudar a la gente, ahora hay ordenadores, pero entonoces eso no existía», aclara. Así que su buena voluntad y mejor cabeza está detrás de muchas de las investigaciones que se han hecho en los últimos años sobre León. Pero el lo cuenta así: «Yo aprendía con los investigadores. Las charlas que teníamos aquí eran lo principal».

Recuerda al abad Antonio Viñayo y a Justiniano Rodríguez, a quien «llamaba cada poco para preguntarle cosas». Y no se le olvida el ímprobo trabajo de una investigadora en particular, Janick Le Men, autora del Diccionario Léxico Leonés : «Se miró todos los libros y las cajas, una por una, qué mujer más trabajadora...». Fernando Llamazares, Cristina Rodríguez, Luis Pastrana, Javier Tomé... unos pocos nombres entre el numeroso grupo local que acudía asiduamente a la biblioteca en sus tiempos. También recuerda el chocolate que le traía un americano que investigó sobre la Semana Santa en León. Y a Concha Casado, «que me llamaba todos los días».

De entre los libros más demandados, siempre le llamó la atención lo mucho que se consultaba el volumen de Urdiales sobre El habla de Villacidayo, «como es una zona donde se habla más castellano y no se había hecho estudio ninguno, todo el mundo lo consultaba».

«Para mí esta biblioteca fue la vida. Pasaban las vacaciones y venía encantado», dice tras dos años sin parar de trabajar en el taller. Los mejores tiempos los asocia a la llegada de Wenceslao Álvarez Oblanca de bibliotecario. «Cuando entró Wences se empezaron a comprar muchos títulos antiguos. Nos dejaban gastar 300.000 pesetas al año y todo lo que salía lo comprábamos. Se hizo una biblioteca muy buena. Ahora la pública también tiene mucho», cuenta. También aprecia mucho el trabajo de los investigadores: «Todos ponen dinero y eso sin contar las horas que echan». Y se fía de ellos: «Esa gente no se lleva ningún libro».

Valentín Yugueros se jubiló en 2006 y desde entonces se dedica plenamente a su vocación: la escultura. Al fin y al cabo por la escultura había ido a Madrid a la mili, recomendado por Víctor de los Ríos, de quien fue discípulo, con el fin de que pudiera compatibilizar el servicio militar con el aprendizaje en su taller.

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