Diario de León

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El experimento verde de Ang Lee

Publicado por
Jesús Palacios
León

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El cine digital está reinventando el cine. Desde superproducciones como las de George Lucas hasta el cine independiente, pasando por el polémico Dogma o el caústico Peter Greenaway, algo huele, por fin, a nuevo en el universo cinematográfico. Lo que, dicho en el caso de 28 días después , no deja de ser paradójico. Porque el nuevo filme del director de T rainspotting en colaboración con el novelista Alex Garland es cualquier cosa salvo nuevo. Al menos, en cierto modo, 28 días después es un ejército sentimental de pura cinefagia. Como sus propios creadores reconocen, su ecuación podría reducirse a un tercio de El día de los trífidos , la novela clásica de Jhon Wyndham, un tercio de los filmes de zombisde George A. Romero y un tercio de Apocalypse Now . Sin olvidar la influencia italiana de Argento y Fulci. Lo que queda es Boyle y Garland. Formalmente hablando la película resulta visualmente arrolladora, llena de inventiva, y con esa estética televisima y semidocumental, que dota de credibilidad y tensión emocional a la historia, de forma muy similar a como lo conseguía el formato hinchado y granuloso de los viejos filmes gore de los 70 y 80. Y es que Boyle y Garland son hijos bastardos de splatterpunk, herederos voluntarios de Romero, Craven, Carpenter o Raimi. Pero netamente ingleses. Es decir, y aquí está lo realmente interesante, que 28 días después , a sus raíces de puro género, une también el espíritu conradiano, la alegoría típicamente británica, a lo Robinson Crusoe, el moralismo apocalíptico propio de la ciencia-ficción inglesa y su toque de poesía londinense. Violenta, sí, sangrienta, también. Pero en el fondo tan bonita como un rosal inglés.

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