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Formas excéntricas de entretener

La presentadora de televisión Paloma Lago
No terminaré nunca de entender por qué Paloma Lago sale tan contenta en la tele. Contenta es poco: sale eufórica, desmadrada, casi violenta en su alegría vigorosa y pertinaz. Yo creo que esto la perjudica. Paloma Lago es una presentadora agradable, de una belleza amable y limpia que calma al espectador y que lleva inscrita en la frente la leyenda «apta para todos los públicos». Pero ese papel que interpreta ante las cámaras, animadora excesiva y torrencial, la hace aparecer como una suerte de posesa llevada por una fuerza vital aterradora. Si usted se fija, esa alegría exagerada es un rasgo que sólo en los últimos años se ha convertido en dominante. Antes los presentadores eran más mesurados, tranquilos, incluso confidenciales. El presentador de antes se ponía en el lugar del espectador, abotargado en su butaca doméstica, y decía algo así como lo siguiente: «Ya sé que está usted ahí, aburrido, engordando, así que voy a procurarle a usted una serie de entretenimientos para que deje volar la mente y se olvide de todo: canciones bonitas, chicos guapos y chicas guapas, chistes graciosos; usted no tiene que hacer nada, sólo quedarse ahí y mirar, y yo me encargo de lo demás». Lo de ahora es distinto. Ahora surge en pantalla un sujeto eufórico, estridente, y levantando mucho la voz y hablando muy rápido nos dice: «¡Despierta, muchacho! ¡Los chicos más guapos, las chicas más guapas, las canciones más movidas, los chistes más desternillantes! ¡Nos lo estamos pasando de muerte! ¡Mira, mira qué contenta estoy! ¡Vamos, no te quedes ahí parado! ¡Levántate y baila!». Qué agotamiento, oiga. Da fatiga sólo de oírlo. . Yo no digo que esa estridencia no surta sus efectos: incluso es posible que evite que el espectador se adormile. Ahora bien: ¿Qué tiene de malo adormilarse? ¿Y si lo que yo quiero es, precisamente, quedarme sopa delante gritan esos malditos.