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Y van cinco años en Guadalix

El maestro Adolfo Gutiérrez Viejo durante el concierto que ofreció el domingo
Ha vuelto Gran Hermano. Y lo ha hecho «barriendo» nuevamente audiencias. Más de 3,8 millones de espectadores siguieron en directo la entrada de los nuevos concursantes (trece) en la famosa casa de Guadalix. Ni siquiera los encantos de Harryson Ford (en TVE) pudieron neutralizar el concurso que presenta Mercedes Milá. Los analistas ya pueden ir preparando argumentos porque, digan lo que digan, la «telebasura» se impone porque la audiencia responde. Las cifras, al menos, son obstinadas. El público tiene lo que se merece. Y los «reality», hoy por hoy, constituyen un gancho innegable. Por ello, resulta comprensible que las cadenas ofrezcan una y otra vez (y ya van cinco) programas de la talla de Gran Hermano. Mientras haya millones enganchados a este concurso, continuarán en antena, porque, en definitiva, lo que importa es la cuenta de resultados. El día que espacios como Gran Hermano, Salsa Rosa y Hotel Glam dejen de despertar el interés de los telespectadores es previsible que las cadenas darán un vuelco a su programación. Mientras tanto, esto lo que hay. Además, Gran Hermano se ha convertido en una de las principales «canteras» de «famosillos»; esos que luego se pasean de plató en plató ofreciendo una mezcla de lucha libre y diálogo de porteras -con perdón de éstas últimas si todavía queda alguna-. Crónicas Marcianas y Salsa Rosa , sin ir más lejos, se nutren de ex hermanos. La gran novedad de esta edición -se ve que los guionistas están faltos de ideas- es el modo en que los concursantes habrán de administrar el sueldo semanal. En definitiva, más de lo mismo. Sólo nos queda la esperanza de que audiencia se aburra...