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Los escaladores de la fama

El espacio «Gran Hermano» sigue nutriendo de personajes a otros programas
El que hablen de uno aunque sea mal, o aunque sea bien, es uno de esos afanes que caracterizan a la persona deseosa de notoriedad. Todos sabemos que a veces tal afán llega a extremos de neurosis, y entonces es posible hablar de mitomanías en el sentido clínico del término. Esto no es nuevo. Lo que sí es nuevo es el amplio abanico de posibilidades que la televisión actual brinda al mitómano. Así hemos visto a sujetos sin oficio ni beneficio, pero con un gran concepto de sí mismos, escalar hasta las cumbres más altas de la fama. Es verdad que, después suelen despeñarse ya no desde lo alto de su fama, sino desde lo alto de su ego, que es todavía más elevado. Pero al menos consiguen su objetivo de brillar en el firmamento de la oscura noche anónima, siquiera sea un segundo. Ahora mismo estamos viendo cómo una de esas estrellas describe una ígnea trayectoria sobre el cielo opaco de la fama: Aída, la criatura parida entre grandes alaridos por el Gran Hermano . Aquí ya hemos hablado de ella, proponíamos el recurso al esparadrapo como herramienta para gestionar esta crisis. Nos nos han hecho caso: Aída sigue siendo la mujer del momento. En una entrevista afirmaba: «Lo que sí avanzo es que quiero inmortalizar mi fuerza en un libro, transmitir seguridad a través de unas páginas, a toda esa gente que no se quiere, darles unas pautas». Debo rectificar mi punto de vista. En efecto, quizá el esparadrapo no sea suficiente. Quizá sea el momento de volver la mirada hacia esa sabiduría práctica de Bricomanía . ¿Qué tal, por ejemplo, esa imperecedera masilla con la que Christian blinda los objetos más renuentes? La civilización ganaría con ello. Usted y yo, también.