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Quilates de aventuras

Russell Crowe y Billy Boyd, en una escena de la película
Peter Weir es sinónimo de solvencia ( Gallipoli , Único testigo , La costa de los mosquitos ...). Sus películas ni provocan cólicos ni se dirigen a coeficientes intelectuales en apuros. Sonará a frivolidad, pero muchos de sus colegas en Hollywood prefieren facturar cine vistoso y coyuntural para que la taquilla responda y las productoras cuenten con ellos. Weir, que admira a Kubrick (nunca para imitarle), aunque acepta colaborar al rendimiento económico, opta por filmes que invitan a disfrutarlos una y otra vez. Nada de usar y tirar. Master and Commander va en esa dirección pese a beber en las fuentes del género clásico (de El hidalgo de los mares a Moby Dick y tantas otras). El primer logro está en el uso del espacio, prácticamente a bordo de la nave británica capitaneada por Russell Crowe, y el impactante verismo de sus escenas. El segundo son los tira y afloja, con los diálogos entre Crowe y Bettany, el médico de a bordo, un apasionado zoólogo. El tercero, la gradación del suspense, con esa casi fantasmal fragata francesa, especie de ballena blanca convertida en obsesión para Crowe. El cuarto sería el reparto, con tipos y rostros sacados de finales del XVIII. Finalmente, el cuidado realismo en la ambientación y la planificación de las batallas. Pero como nadie es perfecto, Weir hace oscilar al personaje principal entre la disciplina militar, un depredador de los mares, y sus actitudes privadas, a ratos lindantes con la candidez. Claro que ese matiz quizá sea para ganarse al público (adolescente en su mayoría, no se olvide). Véanla. MASTER AND COMMANDER: EE.UU. Dir: Peter Weir Int: Russell Crowe, Paul Bettany, Max Pirkins. Aventuras.