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Por senderos de gloria

Un instante de la brillante actuación del Cuarteto Takács en el Ciudad de León
Los escogidos aficionados que el pasado martes acudieron al Auditorio para escuchar a una de las mejores formaciones camerísticas del mundo como es el Cuarteto Takacs no olvidaran en mucho tiempo lo que esa noche sucedió en el Auditorio. Una suerte de viaje a través del tiempo y del espacio a lomos de una música que no necesita adjetivarse porque ella misma es ya de por sí un auténtico adjetivo, fue lo que a lo largo de dos horas nos brindaron estos magos de la cuerda. Por el nuevo Auditorio han pasado formaciones magníficas, algunas de ellas verdaderos iconos de lo que significa hacer música de cámara hoy día, pero a nuestro modesto entender, como lo que sembraron los Takacs ninguna. Tres obras fueron las elegidas y ¡qué tres obras! Cada una más difícil y hermosa que la anterior formando un ramillete de la mejor cosecha de estos virtuosos: Dvorak, Beethoven y Mendelssohn. Un sendero glorioso que el Cuarteto Takacs fue recorriendo conjugando las estéticas más características y las formas más actuales de lo que es hacer música de esta suerte hoy y saber transmitirla a un público heterogéneo al que no le resulta fácil asimilarlas en una primera escucha. Así, tanto el Cuarteto nº10 de Dvorak con el que se abrió el programa como el Cuarteto nº11 de Beethoven estuvieron servidos con la limpieza y técnica habituales en esta formación, auténtico mecanismo de precisión a la hora de interpretar tanto música actual como el más rancio romanticismo. Mendelssohn cerró el concierto con su Cuarteto nº3 , delicia para los oídos y una gran demostración de lo que es la técnica puesta al servicio del corazón. Irrepetible.