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Intimidades políticas

Álvarez Cascos fue el protagonista de «Salsa Rosa»

Álvarez Cascos fue el protagonista de «Salsa Rosa»

Publicado por
José Javier Esparza
León

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El semanario cotilla de Telecinco, Salsa rosa , ofreció la otra noche en exclusiva unas imágenes que forzosamente van a ser objeto de comentario durante semanas, probablemente durante meses: las del ministro Álvarez Cascos con su nuevo amor -y con niños de uno y otra- mientras disfrutaban de unos días de descanso en las Canarias. Ya supondrá usted que aquí nos importa bastante poco lo que pueda hacer un ministro con su vida sentimental; salvo que afecten al erario público -y no es el caso-, eso son asuntos privados que cada cual debe resolver como pueda o como sepa. Lo que sí nos importa, porque afecta al permanente debate televisivo, es cómo valorar la conveniencia de esas imágenes, o dicho de otro modo, si está justificado que alguien emita imágenes de uno en una situación que uno hubiera preferido mantener en secreto. Vale la pena decir un par de cosas sobre el asunto, porque los últimos excesos de la pantalla en este género de noticias han tenido por efecto su descalificación sumaria desde un punto de vista moral. Y sin embargo, lo que ha hecho Salsa rosa está perfectamente justificado. Aquí la regla es la siguiente: lo que haga un personaje público en un lugar público no puede ser sometido al imperativo del derecho privado. ¿Es el ministro Cascos un personaje público? Sí. ¿Es ese hotel canario un lugar público? Sí. Por consiguiente, si le han pillado la culpa ha sido suya; el cámara no ha violado ningún derecho a la intimidad ni Salsa rosa ha vulnerado convención alguna. El hecho de que el ministro haya mostrado su irritación por el fallo de los servicios de seguridad, como nos contaron en Salsa rosa , ni quita ni añade nada al trance.

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