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La intención es lo que cuenta

El filme de Christophe Barratier aspira al Oscar como Mejor Película Extranjera
Si al clásico Club de los Poetas Muertos (Peter Weir, 1989), le sumamos Profesor Holland (Stephen Herek, 1995) o, la también francesa, Adiós, muchachos (Louis Malle, 1987) obtendríamos Los chicos del coro, estreno como director de Christophe Barratier. En efecto, la película nos cuenta los esfuerzos del nuevo vigilante y profesor de un internado por hacer cantar a un difícil grupo de chicos en la Francia de posguerra. Los nuevos y bondadosos métodos del vigilante, más la celestial música que les ofrece, contrastan con los castigos del director («¡Acción, reacción» es su siniestro lema) y terminan por ganarse las simpatías de los jóvenes. La película está teniendo un gran éxito en Francia y ya ha sido seleccionada por la Academia gala para representar a su país en los oscars. Sin embargo, Barratier poco nuevo aporta a las películas ya citadas. Las canciones, algunas compuestas por el propio realizador, la ambientación y los jóvenes intérpretes serían lo más destacado de una producción en la que chirría demasiado el caricaturesco director (¡a quien terminan por comparar con el mismo diablo!) o la milagrosa función que la música ejerce sobre los jóvenes (como profesor doy fe de que la música no amansa a las fieras tan fácilmente). El veterano actor francés Jacques Perrin, por cierto, tío de Barratier, repite prácticamente su papel de la excepcional Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1989) con lo que la sensación de ya visto planea en exceso a lo largo de toda la película. Son de agradecer las buenas intenciones de Los chicos del coro y su feliz final (especialmente para el pequeño Pépinot) que sirven para recordarnos la época de Buena Voluntad que se acerca. LOS CHICOS DEL COROS. Francia. Drama. Director: Chirstophe Barretier. Intérpretes: Gérard Jugnot, Françis Berleand, Kad Merad.