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Alegato contra la intolerancia

La película rezuma verdad por todos sus fotogramas e incita a la reflexión
Loach y su guionista, Paul Alberti, se guían por algo tan elemental como el sentido común para exponer una serie de poderosas razones contra una de las formas de intolerancia más agresivas: el fanatismo religioso. Un joven escocés de origen pakistaní debe enfrentarse a su familia musulmana a causa de su amor por una profesora de música en un colegio católico. Ésta sufrirá un traslado a causa de esa relación. Argumento tan simple como contundente para un drama que mantiene la línea crítica del autor de películas como Family life (1972), Riff-Raff (1991) o Ladybird, ladybird (1994), entre otras, que acabaría convirtiéndose en la voz crítica más honesta del cine británico desde finales de los ochenta. Con Sólo un beso regresa a Glasgow para redondear una trilogía no declarada ambientada en Escocia, con sólidos precedentes en dos filmes también notables, Mi nombre es Joe y Felices dieciséis . Loach es cineasta contrario al artificio y a la pirotecnia, que entiende la cámara como un instrumento con la libertad suficiente para proponer al espectador un guión directo y sin abalorios. Su formación, y su credo como autor, es el realismo de tintes documentales que entiende el cine como arma destinada a despertar conciencias y sacar al espectador de su letargo. Obvio que la historia de dos jóvenes unidos por el amor contra una religión ajena a los sentimientos, ni es nueva ni revolucionaria. Pero justamente en su simpleza radica su encanto, gracias a un cineasta que filma lo cotidiano con una fuerza ajena a lo común. Las secuencias de Solo un beso rezuman verdad fotograma a fotograma y eso, en apariencia tan sencillo, escasea en el cine que asoma a las carteleras. «SÓLO UN BESO»: RU-Italia-Alemania-España. Dir: Ken Loach. Int: Atta Yakub, Eva Birthistle, Ahmed Riaz.