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Y de tapa, una ración de arte

Enrique Sarabia exhibe su arte en forma de mural grande y colorista

Enrique Sarabia exhibe su arte en forma de mural grande y colorista

Publicado por
Marcelino Cuevas
León

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La ciudad de León vive una época de importante acercamiento al arte. Cada temporada aparecen nuevas salas, oficiales y privadas, además de la múltiple, variada y aún un tanto enigmática, oferta del Musac. Por si esto fuera poco, la eclosión artística también llega a bares, cafés y restaurantes, que hacen de sus paredes una buena manera de mostrar el incesante trabajo de los artistas de aquí y también de los de más allá de nuestras fronteras. Una buena muestra del interés de los hosteleros por la cultura es la anual cita del Café Cristal. Cada otoño, con el regreso de las vacaciones, ofrece a un pintor la oportunidad para expresarse, para mostrar su manera de entender la pintura mural sobre un gran lienzo de las paredes del establecimiento. El mural del Cristal se ha renovado ya una docena de veces, siempre queda la pena de que la obra desaparezca, que se pierda inexorablemente en el abismo de los recuerdos, pero también hay que reconocer que es importante el momento feliz de la nueva inauguración, de la repetición de un ciclo que tuvo en su última etapa la presencia de la ya consagrada Cristina Ibáñez, y que en esta temporada 2005-2006 cuenta con la intervención de Enrique Sarabia. Sarabia es un pintor de paisajes que se confiesa amante impenitente de la naturaleza. Un artista que durante muchos años tuvo su afición latente y que, solamente en los últimos tiempos, ha vuelto a la pintura que ama y practica desde niño. Intensa actividad Su regreso ha sido fulgurante, casi podríamos decir que está llenando la ciudad y hasta la provincia con la multitud de óleos que salen de su factoría. Y tanto trabajo ha permitido que en un corto espacio de tiempo su evolución haya sido radical, de los titubeantes paisajes absolutamente realistas de hace algunos años ha pasado a pintar con envidiable soltura, dejando cada vez más campo en sus cuadros a la imaginación, lo que le permite unos resultados sorprendentes, de enorme belleza. Sus obras han perdido la referencia de la figura para pasar a convertirse paisajes apenas sugeridos, en mundos inventados pletóricos de color y de movimiento en los que los pinceles se olvidan de lo accesorio para reflejar, en este caso sobre un gran mural, las mejores ideas plásticas del artista.

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