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La vida y el ajedrez

Personajes intensos cruzan sus soledades en esta película de Martín Cuenca
La segunda película de Manuel Martín Cuenca es menos brillante que La flaqueza del bolchevique , su debut como director de ficción, pero resulta igualmente valiente. Y además, cuando en diciembre llegue la hora de los balances, será una de las cinco mejores películas españolas del año, juntando no pocas propuestas al Goya, sobre todo en el equipo artístico. Malas temporadas tiene uno de esos elencos sólidos que hacen grande una pequeña película, cuidada con esmero por un director que mima a la materia prima del cine. En La flaqueza del bolchevique , Cuenca fue capaz de sacar lo mejor de la contención reconcentrada de Luis Tosar y de la tierna naturalidad de la debutante María Valverde. Y ahora, en Malas temporadas , están presentes de nuevo todas esas buenas cualidades de su ópera prima. Esta también es una película bien construida y mejor interpretada, poblada, otra vez, con personajes intensos que cruzan sus vidas en el tablero de la soledad urbana. Asistimos a pequeños grandes encuentros que giran alrededor de la excusa del juego del ajedrez, símbolo de las batallas del día a día en la gran ciudad. El ex convicto interpretado por Javier Cámara le habla a su alumno adolescente sobre los peligros de la soledad espartana: «El mundo es feo y tenemos que inventarnos otro, pero como en el ajedrez, tienes que jugar a ver qué pasa, porque lo peor es jugar tu solo». Además hay una poderosa declaración de amor al físico de los actores. La abundancia de primeros planos es generosa. Con el rimel borroso en los ojos de Leonor Watling, en los rasgos ansiosos de Natalie Poza o con la opaca mirada de Javier Cámara, un ajedrecista con cara de fontanero. Todos componen un conmovedor mapa de la geografía humana. «MALAS TEMPORADAS»: Dir: Manuel M. Cuenca. Int: Javier Cámara, Leonor Watling, Eman Xor Oña. 114 min.