Diario de León
Publicado por
Miguel Ángel Fernández
León

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A Hollywood le va la moralina de garrafón, esa que derrocha con generosidad sobre películas previamente etiquetadas de familiares. Como Doce fuera de casa, secuela de Doce en casa , que en el 2003 se convirtió en inesperado éxito, y todo apunta a que habrá Doce en casa y uno más o algo por el estilo, considerando su desenlace. Extrapolando, la nueva entrega (como la anterior) representaría a esa mitad de la Norteamérica sociológica que encuentra a Bush un presidente idóneo, que cree en la familia feliz y maravillosa, además de numerosa, claro, porque los Baker y los Murtaugh suman un total de veinte vástagos, que ya son bocas a comer, ya... Naturalmente, eso no impedirá que en el seno de ambas se introduzcan algunos matices contradictorios (e inocuos) con la conservadora visión de la familia de los años cuarenta, pero casi. Superado el matiz ideológico, Doce fuera de casa como su original, nada serían sin la presencia de dos actores cómicos, ya consolidados y admirados: Steve Martin y sobre todo Eugéne Levy, el gran descubrimiento para el género en los años 90. Sin ellos no habría película, habría una nadería, que eso es el guión, aire en una botella... simpática. Al mismo tiempo, se confirma que la simpleza se apoderó definitivamente de buena parte de la producción de Hollywood. Asumido que filmar comedias no consiste en administrar gags cada cinco minutos, con mejor o peor fortuna, lo peor es todavía cuando estos se suceden de manera absolutamente previsible. No es necesario aguardar a los diez primeros minutos para adivinar de qué va el asunto. Basta con el título, el cartel y de propina, el tráiler, que esa es otra. Semanas antes del estreno, los avances que abren una proyección se dedican a destripar las películas sistemáticamente. DOCE FUERA DE CASA. EE.UU., 2005. Dirección: Adam Shankman. Intérpretes: Steve Martin, Eugene Levy, Bonnie Hunt. Comedia. Duración: 90 minutos .

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