| Crítica | Cine |
Mentirosa fantasmada
Tropelías y truculencias pueblan esta película basada en un famoso videojuego
Mal asunto cuando la mentira se apodera del cine adobada por verborrea incoherente bajo la coartada del terror, o peor todavía, cuando conceden al fantástico licencia para todo tipo de tropelías y truculencias. En Silent Hill se parte de un disparate: una niña enferma del coco que no visita un psiquiatra porque su madre prefiere llevarla a la boca del lobo, la tópica secta escatológico-religiosa que incluye el correspondiente ritual de sangre y fuego, un pueblo abandonado donde ocurren cosas raras aunque a nadie importan, un detective con un peculiar punto de vista sobre la ley y el orden, un padre convencional reconvertido a corajudo Indiana Jones, una policía motorizada de compleja definición... En fin, que quizá todo esto pinte bien en un videojuego ( Silent Hill apareció en 1999 y desde entonces van cuatro títulos), pero fatal en un filme que además tiene como guionista a Roger Avary, autor de Killing Zoe en 1994 y coguionista oscarizado de Pulp Fiction junto a Tarantino. Si los fans del fantástico asumen como buenos estos planteamientos, se confirmaría hasta qué punto la ausencia de pedagogía cinematográfica (revisión de los clásicos, por ejemplo) es responsable de semejante anomalía en buena parte. Silent Hill luce una irreprochable factura visual, obra del talentoso Christopher Gans ( Crying Freeman: los paraísos perdidos , El pacto de los lobos ), muy dotado para atmósferas aunque bastante despreocupado por las tramas, como si fueran secundarias. El eterno debate entre la forma y el contenido. Es evidente que de trabajarse un guión más sensato (por mucho que el fantástico conceda excesivas licencias a la imaginación) y con aprecio por el rigor, sería quizá la menos insultante de cuantas tropelías se hacen en nombre de los videojuegos, que a fin de cuentas sólo son eso, juegos. «SILENT HILL»: Canadá-JP-EE.UU-FR. Dir: Christophe Gans. Int: Radha Mitchell, Sean Bean, Laurie Holden. 127 minutos.