Salvaje humor tejano

Imagen de una de las escenas de la película
Si hay algo que define a esta precuela de La matanza de Texas es que es la más violenta de la serie. La náusea esta garantizada, incluso para el aficionado curtido, especialmente en la inenarrable secuencia del despelleje de la que será la primera máscara de Cara de Cuero. Aunque en la presente entrega, Leatherface permanece en un segundo plano familiar, no pasa nada desapercibido. La primera vez que a la criaturita se le ocurre arrancar la sierra eléctrica, que ha pasado a la historia icónica del cine como su atributo-prolongación, es saludada como una anunciación con el feo ángel de su papá adoptivo gritando: «Pon esa cosa en marcha Tommy, es genial». En fin, humor tejano conceptual que recurre tanto a lo fácil como a lo delirante. Es fácil en la secuencia del tarro de conservas roto, con los higadillos, orejas, dedos y lenguas desparramados por la cocina de la extraña familia: «Menos mal que fregué el suelo esta mañana», dice mamá; más rutilante es el disparate del guiño cinéfilo, con el cabeza de la comunidad familiar remedando a Escarlata O'Hara: «Por Dios que nunca volveremos a pasar hambre». Pero no nos engañemos, la crueldad, realmente retorcida, de La matanza: el origen nos impide apreciar con tranquilidad el ingenio del guión. Mezclar hippies, moteros, Vietnam y fascismo cotidiano da para variadas y perversas lecturas realmente ocurrentes. Pero dejamos de reirnos cuando la amputación de las piernas del tío Monty se alarga por encima de los cinco minutos de metraje. Nuestro disfrute queda anulado si los autores de esta hiperviolenta película nos obligan a ser peritos especialistas de los daños causados por la sierra eléctrica. Lo dice R. Lee Hermey, para siempre instructor de La chaqueta metálica, con una frase que resulta perfecta para explicar la película: «Es cirugía, un trabajo fino, pero con mucha sangre». LA MATANZA DE TEXAS: EL ORIGEN. DEE. UU. 2006. Director: Jonathan Liebesman. Intérpretes: Jordana Brewster, Taylor Handley, R. Lee Ermey. Terror. Duración: 87 minutos.