Diario de León

AMPHORA

EL Mencía más genuino

Preservar la fruta sin castigarlo con la madera. Es el principio básico que inspira la creación del tinto más original y exclusivo del Bierzo (1.400 botellas para sólo 15 restaurantes de España y de otros países). El ‘Amphora de Cobija del Pobre’ se cría en ánforas de barro de 150 litros. Es, sobre todo, un mencía distinto.

Publicado por
RAFAEL BLANCO
León

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Lo hacían los romanos y dos mil años después se realizaron un par de ensayos más, pero nunca salieron de sus respectivas bodegas y desde luego en ningún caso se concretaron en la comercialización del vino. El Amphora de Cobija del Pobre es un vino de muy limitada producción, por razones técnicas y operativas obvias, y también como otros de la bodega de distribución exclusiva y directa para una serie de selectos restaurantes, quince en total, de Europa, Asia y América. Y es, lo mismo que otros tintos y blancos de la bodega, un capricho de sus mentores: Manuel Benito Otero, Javier Arias y Raúl Magán. La primera sílaba del nombre de cada uno de ellos compone el apellido de la bodega, que toma el nombre de su ubicación original. Almázcara Majara nació de la inquietud enológica de los tres y con la vendimia del 2004 para el vino de referencia de la bodega, un tinto con 18 meses de crianza. Tras aquel Almázcara Majara llegaron un tinto más y dos godellos —la bodega sólo trabaja con las dos variedades autóctonas—, de manera que el Amphora de Cobija del Pobre viene a ser el quinto —el sexto será un espumoso rosado— de la serie. De esta serie, porque la sociedad acaba de poner en marcha otro pequeño proyecto, El Secreto del Éxito, con un godello y un joven tinto, L’Aphodisiaque , realmente sugerentes en su presentación visual y... en la boca.

El Amphora 2012 que ya está en botella es la segunda elaboración bajo la idea de «hacer un crianza sin barrica», en la muy precisa definición de su autor, Manuel Benito Otero. Partiendo de vendimia seleccionada de viejas cepas del viñedo propio en los mejores parajes de Campo se hace una elaboración tradicional en depósitos de acero diseñados por el propio enólogo y, tras la fermentación maloláctica, pasa a las ánforas donde permanece nueve meses. «Es la respuesta a la exigencia del consumidor de más fruta y menos madera. El barro la conserva muy bien y de esa manera evitamos el efecto madera que tantas veces daña al vino por un uso inadecuado. La arcilla es más porosa, oxigena muy bien, le hace perder acidez total y lo deja más redondo en boca», explica Otero. Quien tenga oportunidad de probarlo estará de acuerdo.

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