Diario de León

un balcón al boeza

La Ruta de los Canteros entre Ponferrada y San Miguel de las Dueñas discurre a través del cañón del Boeza, paralela a la vía férrea que hace de guía en un itinerario que acuna una naturaleza autóctona de enfoque mediterráneo con especies ornitológicas de gran singularidad. Fue cuna de canteras de granito —de ahí su nombre— de las que se extrajo la piedra para construir, entre otros edificios, el Palacio Episcopal de Astorga, obra de Antonio Gaudí, y la casa consistorial de la capital berciana, que en su día fue cárcel

La Ruta de los Canteros, completamente señalizada, parte originariamente de la margen izquierda del puente sobre el río Boeza (carretera Ponferrada-Molinaseca) y se abre al impresionante cañón de dicho río. Un obra natural que impacta por su belleza y don

La Ruta de los Canteros, completamente señalizada, parte originariamente de la margen izquierda del puente sobre el río Boeza (carretera Ponferrada-Molinaseca) y se abre al impresionante cañón de dicho río. Un obra natural que impacta por su belleza y don

Publicado por
maría j. alonso
León

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D e reciente incorporación al conglomerado de rutas que ofrece Ponferrada, la Senda de los Canteros, que une, a través del cañón del río Boeza, Ponferrada y San Miguel de las Dueñas, ha adquirido gran popularidad para la práctica de deporte —bien sea a pie o sobre una bicicleta— o simplemente para dar un paseo que puede extenderse hasta once kilómetros en viaje de ida. Todo ello partiendo del mismo casco urbano de la capital berciana —la señalización coloca el origen en la glorieta del Cine— y con una dificultad media-baja que hace de ella un recorrido apto para todos los públicos y edades. Si el caminante prefiere hacer el trayecto inverso, el punto de partida se sitúa en la plaza del convento de san Miguel; y si ida y vuelta se le hace pesado, en cualquiera de los destinos puede tomar un autobús o el tren para regresar al origen. No en vano, esta vanagloriada senda discurre paralela a la vía férrea.

La Ruta de los Canteros nació del empeño personal de dos vecinos de Ponferrada, Carlos y Alberto, que pese al éxito de su iniciativa prefieren mantenerse en el anonimato. Fueron ellos quienes decidieron poner en valor esta senda, limpiando, desbrozando y construyendo los puentes necesarios para unir ambos extremos, siempre respetando el discurrir de su naturaleza. Para ello, emplearon en más de una ocasión la madera de los postes de algún tendido eléctrico en desuso, jícaras de vidrio aislador y otros materiales reciclados. Más de dos años tardaron en acondicionar por completo una ruta que puede conquistarse en cosa de tres o cuatro horas. Un recorrido insólito a través de una naturaleza única, aromatizada por las especies propias del bosque mediterráneo. Encinas, rebollos, madroños y alcornoques dan sombra al caminante. Ecosistema también de una fauna autóctona entre la que sobresalen algunas especies de aves singulares de la ornitología berciana, caso del roquero solitario y la golondrina daúrica, que otean desde las alturas la evolución de otra especie única, en este caso vegetal, una hierba endémica, la Gyrocaryum oppositifolium Valdés , de la que únicamente se conservan otras dos pequeñas poblaciones en el resto de España.

Quedando demostrado el valor natural de esta ruta, no menos importante es su valor histórico y patrimonial. No sólo en su recorrido el caminante se topa con un castro de la Edad de Hierro, sino que puede evocar, con cada paso, el pasado de una zona de la que se extrajo, durante varias generaciones, el granito con el que se levantó el Palacio Episcopal de Astorga, diseñado por el arquitecto Antonio Gaudí; o la casa consistorial de Ponferrada, entre otros muchos edificios de la capital berciana. De sus canteras salió igualmente piedra que sirvió en la construcción del Monasterio de San Miguel de las Dueñas. Así, es su pasado como cuna de canteras de granito de alta calidad, las de Montearenas, el que ha dado lugar a su nombre.

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