Diario de León

Otoño en el Palacio

Cambia de color el Bierzo. Se vuelve amarillo y ocre. Y más bello aún si cabe. Es espectacular el paisaje de otoño desde el Palacio de Canedo, levantado hace 300 años sobre una suave colina, con su viñedo a los pies. La vieja mansión de los Balboa, del Señorío de Canedo, que ha convertido en eje de su mundo Prada a Tope. El lugar elegido.

El Palacio de Canedo, con el viñedo a sus pies, iluminado al caer la noche. Vistas del Bierzo en otoño desde el palacio. Entrada a la edificación que levantó hace trescientos años un Balboa descendiente de Aldonza Sánchez de Arganza, señora de Canedo, y s

El Palacio de Canedo, con el viñedo a sus pies, iluminado al caer la noche. Vistas del Bierzo en otoño desde el palacio. Entrada a la edificación que levantó hace trescientos años un Balboa descendiente de Aldonza Sánchez de Arganza, señora de Canedo, y s

León

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Quizá todo empezó hace quinientos años. No le resultaría difícil a Aldonza Sánchez de Arganza, de Balboa y de Ullóa convencer a su recién estrenado marido. Le bastaría con dejar que Diego Ares de Balboa, señor de Canedo por gananciales, se asomara a la galería de cualquiera de sus casonas para sucumbir a la magia de esta tierra. Quién sabe si, como hoy, era otoño. Entonces vería los campos teñidos de amarillos y ocre, y la bruma de la mañana extendida sobre el monte y los praderíos. Cómo iba a resistirse, cómo no iba a fundar aquí su mayorazgo, a fundir vasallazgo y rentas en este jardín del Paraíso que su esposa depositó en sus manos. Cumpliría así el propósito secreto de la Señora de Canedo, pues era ella quien tenía el privilegio.

Hace trescientos años, en lo alto de la suave colina de Canedo, otro Balboa levantó su palacio, una mansión de piedra y madera desde la que contemplar los dominios de su familia y la belleza inenarrable del Bierzo.

Cuentan las crónicas que para 1761, el Señorío de Canedo tenía ya viñedos propios y en su bodega almacenaba 32.640 litros de buen vino, que equivalían a 170 miedros, la vieja medida de doce cántaros para el zumo de la uva fermentado.

La tierra germinó hasta la decadencia de la familia solariega. Luego la neblina cubrió la historia y las enredaderas tejieron de sombras la casona, convertida en una hidalga ruina.

Pero la crónica no estaba escrita. No hasta el final. En 1988, Prada a Tope compra la noble casona y su terrenos, planta de nuevo vides, prepara la antigua bodega y restaura el edificio de los Balboa. Es así como resurge el Palacio de Canedo. Como aquella casa señorial de espléndida arquitectura barroca que se levantó en el primer tercio del siglo XVIII con un gran viñedo a sus pies.

Tuvieron siempre un don estas tierras. Y no sólo porque pertenecieran a un gran señor. Si se acerca el viajero a Canedo y se asoma al balcón-galería del palacio, tendrá a su vista el privilegio de la nobleza que brinda el Bierzo. Si se aloja entre sus muros, descubrirá los aposentos de sus antiguos propietarios, estancias llenas de historia en las que es fácil imaginar aquel estilo de vida. Y si se sienta en su comedor, se dejará mimar por los regalos de la tierra, naturaleza servida en el plato, condimentada con la sabiduría heredada de siglo en siglo. Podrá adentrarse en el suave sotobosque de castaños o caminar entre las hileras de las viñas que dan vida aquí a la tierra milenaria. Y guardar silencio en su bodega, para dejar reposar en sigilo el vino, vieja ciencia ligada desde el comienzo al hombre.

Si el viajero acude ahora, contemplará la explosión de belleza del Bierzo en otoño. Si elige noviembre, el día 14, a punto de caer el suave invierno sobre la comarca, podrá asistir a la Fiesta del Vino Nuevo. Fusionará allí Prada A Tope la cultura del vino de maceración carbónica a base de mencía con los frutos de temporada, el mejor embutido y buenos dulces. Lo mejor de lo que da esta tierra.

Si no va el viajero con prisas, si abandona las premuras de los nuevos siglos y se permite sumergirse en este territorio santificado por la naturaleza, hundirse en su historia, revivir su pasado y contemplar su futuro, descubrirá por qué cuenta la leyenda que el séptimo día, Dios apoyó aquí su mano para contemplar su obra y creó el Bierzo. Si el viajero se toma su tiempo y sube la suave colina cubierta de vides, llega hasta el Palacio de Canedo y se detiene allí, comprenderá porqué aquellos viejos señores eligieron esta tierra para plantar su simiente.

Vistas del Bierzo en otoño desde el palacio.

Entrada a la edificación que levantó hace trescientos años

un Balboa descendiente de Aldonza Sánchez de Arganza, señora de Canedo, y su marido Diego Ares de Balboa.

La neblina se extiende sobre los campos de Canedo.

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