Diario de León

De viaje a

La Bañeza

Es territorio rico de larga historia. Tan rico como su suculenta gastronomía, con las alubias y las ancas de rana a la cabeza, con sus postres Imperiales que han conquistado premios y paladares. Sólo eso bien merece un paseo hasta allí, hasta La Bañeza. Si se le añade la belleza modernista de su edificios, el arte en sus iglesias, el bullicio de compras, las terrazas donde tapear y el turrón para esta Navidad, el plan se antoja perfecto.

MARCIANO PÉREZ / JESÚS F. SALVADORES / RAMIRO

MARCIANO PÉREZ / JESÚS F. SALVADORES / RAMIRO

León

Creado:

Actualizado:

E s buen viaje de invierno el de regresar al menos una vez al territorio de la vieja Bedunia, el lugar donde se instalaron los astures y codiciaron los romanos y los invasores bárbaros, un cruce de caminos en el que se decidió la historia.

Es buen viaje de invierno acercarse hasta La Bañeza para disfrutar de su historia, de la belleza de sus edificios y de sus terrazas. que invitan a sentarse al visitante en la plaza del Ayuntamiento, que es también de la iglesia, el punto neurálgico de una pequeña ciudad que bulle con su comercio y con el tapeo.

Quizá después de contemplar los edificios modernistas de la Plaza Mayor, que levantó la pujante burguesía bañezana para dejar patente, en piedra y madera, su poderío económico y su gusto por el arte, después de admirar la arquitectura clasicista del Ayuntamiento, el neomudéjar o el gótico tallado en sus templos, quizá después de entrar en la iglesia de Santa Marina donde se custodia la Piedad del gran Gregorio Fernández, una obra de arte única en la provincia, y el retablo renacentista de Francisco de Rivera, de contemplar el otro retablo de Rivera que se conserva en la iglesia del Salvador o de entrar en el Museo de las Alhajas en la conocida como Casa de doña Josefina, un edificio modernista de principios del XX en el que se conservan piezas únicas de la joyería tradicional de esta tierra, o de visitar el Centro de Interpretación de las Tierras Bañezanas, el Citba instalado en otro edificio modernista que iba para hotel pero acabó siendo una fábrica de harinas y ahora museo que invita a conocer la historia de La Bañeza, después de ese paseo cultural bien vale detenerse un buen rato para disfrutar de las tapas en bares y terrazas de la ciudad o de una suculenta comida en cualquiera de los restaurantes. Porque sería pecado y no venial marcharse de La Bañeza sin probar su famosas y reconocidas alubias, con certificado IGP, que hacen a la manera tradicional, suculentas y con fundamento, o en los platos más innovadores de la nueva cocina, o las aún más afamadas ancas de rana con las que conquistó todos los paladares posibles la desaparecida y mítica Casa Boño y que hoy han recuperado en otros establecimientos. Y luego extasiarse con algunos de sus más afamados postres, entre ellos los Imperiales, elaborados sólo con huevos, azúcar y almendra, las yemas tostadas, los besitos o las Angélicas que enlazan con la tradición chocolatera que hubo en la ciudad. Se pueden tomar y comprar. Y traer a casa por Navidad alguno de los más exquisitos turrones que confitan los industriales bañezanos y se exponen en las estupendas confiterías de la ciudad. Y antes de partir, tomar un buen café y, si hay tiempo, esperar a la apertura de los bares de copas, con fama en toda la zona.

En fin de semana, el Teatro que construyó entre 1928 y 1930 Gaspar J. Pérez Alonso y su esposa Emilia Alonso Pérez, y que fue abandonado y rehabilitado, ofrece una programación estable para quienes opten por alimentar también el espíritu. Aunque el espectáculo está en la calle. No sólo en su trazado urbano, recogido y recorrible, también en la belleza de sus edificios. Y, sobre todo, en la actividad comercial, que llena de vida la ciudad.

Un buen plan incluso si llega el frío. No hay prisa. El viaje de vuelta es corto.

tracking