La recomendación de... ángel román, secretario técnico del colegio de arquitectos
El León que no está en las guías
El ciudadano leonés como diría mi amigo Andrés Trapiello, ese ser tocado de boina que siempre está mirando detrás de una sebe y oteando por donde llega el peligro, también se distingue por estar orgulloso de algunas de las virtudes que jalonan este territorio y la personalidad de sus vecinos, así que cuando nos aparece una visita de paso ya sea un familiar, unos colegas o unos amigos de otra provincia o país, procuramos mencionar un inventario de instrumentos, ya sean históricos, arquitectónicos, gastronómicos y costumbristas, que maravillan a los foráneos y que nos hacen crecer unos centímetros a los autóctonos.
Reaccionamos normalmente con darles una vuelta por la ciudad, destacando depende que tipo de instrumento, distinguiendo entre los más celebrados y famosos, los más contemporáneos o próximos a las fechas del momento o los menos conocidos y ocultos.
Las anécdotas que voy relatando acompañando el agotador paseo pueden ser tan reinterpretadas que el origen se transforma en desconocido para los más puristas y cronistas oficiales de la villa y provincia.
En mi caso no puedo olvidar mi profesión ni aquellas historietas que me contaron mi padre, mis amigos más eruditos o las que me ha proporcionado el fruto de mi curiosidad, para trasladárselos de aquella manera (mi manera) a esas personas a las que quiero impresionar o cuando menos dejar con un poco de envidia.
En ese paseo descarto las manidas guías oficiales y las que mis visitas se han bajado de Internet, de modo que cuando toca la parte histórica artística y nos aproximamos a los grandes monumentos les hago ver otros rincones desconocidos, callejeando por calles recónditas como Cardenal Landázuri, o la plaza del Vizconde, asomando la cabeza por encima de la cerca de Plaza Puerta del Castillo para imaginar las ruinas de la Legio VI, intercalando un vino aquí, donde sólo está apoyado en la barra el hombre solitario del barrio, destacando ese palacete mustio que pide una rehabilitación a gritos de la Plaza de San Pelayo, comentando las vicisitudes de ese solar que ocupaban los Principia y que da la espalda a esa casa solariega y principal de la Fundación Sierra Pambley donde recomiendo la visita de su museo desconocido y sorprendente, cambiando el paso para callejear por otra parte del barrio de calles casi olvidadas y pacíficas donde se marchitan casas señoriales de otros tiempos ahora convertidas en centro neurálgico de eventos mundanos como el Colegio de Arquitectos que albergan instalaciones artísticas desconocidas como “La senda del Rey” de Kiyosy Yamaoka en sus patios más ocultos y entre calle y calle por este barrio de desatino convertido en un inmenso parque temático de vino y tapa, fortalecidos por el caldo y la morcilla de León, atravesamos esa auténtica plaza empedrada punteada por los ríos leoneses de piedra y agua. Engañados y entretenidos por mis cuentos aparecemos el la Plaza de Riaño para recorrer Las Cercas, una calle de leyendas de mi infancia, llena de pasadizos entre conventos y palacios reales pongo punto y seguido a mi paseo sin rumbo y mis relatos porque mis huéspedes han desfallecido y yo he crecido ya los centímetros que mi vanidad me ha requerido. Mañana tomaremos el aire por la provincia para seguir creciendo.