Diario de León

De viaje a

Murias de Paredes

El paraíso a pie, el refugio de la naturaleza andando. Es Murias de Paredes y los cuatro valles de la Omaña Alta, la fusión entre la vida natural y el mundo rural. Paisajes únicos para descubrir a través de sendas. Pastos, bosques y lagos. Tierra, agua y glaciares. Praderíos y alta montaña. Piedra en los picos y en las construcciones hechas por los hombres. Un lugar único.

JULIO ÁLVAREZ RUBIO

JULIO ÁLVAREZ RUBIO

Publicado por
S.V.
León

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U n puzzle de cuatro valles que es el paraíso de los senderistas. Un lugar donde descubrir la naturaleza a cada paso. Son los valles de Murias de Paredes, historia y paisaje, fusión entre la naturaleza y el mundo rural.

Recorre el Valle Gordo un trazado histórico: el Viejo Camino, el Camino Olvidado de la Montaña, una ruta antigua que seguían los peregrinos a Santiago que discurre en soledad, en silencio, entre paisajes de montaña. El nombre sugiere ya una experiencia única. El camino transforma la peregrinación en un viaje auténtico y solitario, alejado de urbes y fábricas, aislado de paisajes urbanos, naturaleza en estado puro para un viaje al interior. Ofrece el Valle Gordo además rincones únicos: el Campo de Santiago o de Martín Moro, la Guarida de Vegapujín que conserva uno de los mejores abedulares de la Cordillera Cantábrica, el espectacular glaciar rocoso de Peña Cefera o de Las Machadas que dibuja un paisaje único, los lagos de los Llaos de Arcos de Agua, la subida a la Sierra del Pando y la ermita de La Casa desde Torrecillo o Posada de Omaña y la ascensión al Suspirón desde Barrio de la Puente.

La Cañada de la Vizana hace grande el Valle Chico, la gran ruta trashumante de las merinas que en Pandorado se desviaban hacia Sosas del Cumbral y luego se adentraba por Rodicol, con su ermita, camino del mítico collado de Villabandín, que a casi 1.600 metros flanqueaban el paso a los rebaños para llegar a los pastos de Babia. Está luego el dulce paseo por el Valle de Sabugo, con sus praderías siempre verdes y el denso robledal del abesedo, o la visita a la surgencia cárstica de Fuentes Blancas en Villabandín, o la ascensión al Alto de la Cañada que con sus 2.163 metros es el majestuoso techo del municipio.

Termina el valle en Lazado, uno de los pueblos más altos de la provincia. Desde allí es posible acceder a las viejas brañas, a la de Curiscada o la de Valdeyeguas, y comprobar la soledad del mundo pastoril donde se aprovechaban los pastos tardíos y desde cuyas lindes se abren espectaculares vistas a la Cordillera.

Entre ambos se abre el principal, el valle del Omaña, la patria de un río de aguas cristalinas, territorio natural. Invita al paseo el valle del Río Pequeño en Villanueva, recorriendo los bosques de Nareo y el acebal de Acebos, en círculo, partiendo de Villanueva y regresando de nuevo al pueblo, refugio de fauna y flora primitivas, lugar en el que el abandono de los aprovechamientos tradicionales de la tierra ha permitido regresar a sus orígenes y ha convertido este recóndito valle en una selva que es muestrario de todas las especies que habitan en esta transición entre el clima mediterráneo frío y el atlántico de alta montaña. Se mantienen aún vivos los paisajes ganaderos entre Villanueva y Senra, unidas por un viejo sendero que camina entre prados cercados con muros de piedra y sebes, a la orilla del Omaña, donde pacen tranquilas yeguas y vacas y donde han encontrado abrigo nutrias y mirlos acuáticos, prueba de la pureza del agua, y corzos y mustélidos, aves y roedores que han creado su universo en las cercas de piedra seca con las que desde antaño de delimitan los prados.

De Murias a Montondro se puede ir por la carretera, apenas frecuentada, y recorrer el magnífico valle de origen glaciar y luego volver por la senda que recorre, al pie de la ladera de umbría, el bosque de abedules que tapiza toda vertiente.

De Montrondo parte la ruta clásica de senderismo hacia el vecino Tambarón, con sus 2.102 metros, la Ruta de las Fuentes del Omaña. Desde Murias se puede acceder al puerto de La Magdalena para llegar al cuarto y último de los valles que componen esta Omaña Alta: el del río de Vivero o de Los Bayos, afluente al Sil.

Antes de bajar a Vivero, esta tierra ofrece otro suave paseo: el camino del valle de Fasgarón desde el puerto de La Magdalena, que es ruta alternativa de acceso al Tambarón. Después, ya en Vivero, no se puede dejar de visitar la cascada de Las Ollinas y de recorrer el valle que sube al pico Nevadín, otro de los dosmiles omañeses, en un recorrido espectacular de bosques, agua, pastos, chozos y alta montaña. Y en Los Bayos, acercarse a las fragosidades del Pozo de los Fumos y elegir tres de recorridos, los tres únicos, los tres espectaculares, hasta las tres brañas que rodean el pueblo: Bocibor, Valdeloso y Cálabre.

Un puzzle natural que invita al senderismo apacible, Omaña Alta y sus cuatro valles, el lugar donde se fusiona la naturaleza y el mundo rural. Territorio de belleza.

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