De viaje a
Sahagún
Tierra de historia, arte hecho de tierra. Es la patria de la arquitectura del barro, territorio del mudéjar convertido en extrema belleza. Y es vergel que alimenta una cocina con mucho saber y delicado sabor. Un paseo desde León para adentrarse en una ciudad de monumentos levantados con ladrillo y de casas construidas en tapial. En junio, para las fiestas de San Juan, cuando se cumpla el 12 de junio, volverán los encierros, que tienen aquí casi diez siglos de tradición.

XURXO LOBATO
La belleza de La Peregrina y una vista de Sahagún con algunos de sus magníficos campanarios mudéjares. En la otra página, una calleja con Santo Tirso al fondo. Abajo, el arco de la desaparecida abadía de San Benito, los soportales de la Plaza del Ayuntamiento, el interior del santuario de La Peregrina, pilares de piedra en los soportales, restos de San Benito y la torre mudéjar de Santo Tirso.
N ació en una encrucijada de caminos, al borde mismo de la senda espiritual de Occidente, en la ruta que conduce a Santiago, en una calzada que llevaba a Roma, entre caminos que surcaban las riberas del Esla, en una senda que pisaron los primeros trashumantes. Entre tantas vías tenía que tener una propia, la que llevaba a las tumbas de los santos Facundo y Primitivo, santas reliquias de quienes fundaron una villa próspera a la sombra de un monasterio, a la vera de un río fecundo, en una vega fértil. Tierra a la tierra, Sahagún levantó en ladrillo el arte mudéjar de iglesias y ermitas y de barro hizo la maravilla de sus casas, divino adobe entramado en madera que muestra desde hace siglos la belleza de la materia prima con la que los hombres han construido aquí su historia. Tapial para el hogar y también para las casas de labranza, corrales, bodegas, majadas, colmenas, palomares y templos. Todo es aquí arquitectura del barro, sagrado conocimiento de constructores de tierra adentro que hicieron de su morada continuidad del paisaje.
Si el viajero se adentra por Sahagún, podrá refugiarse bajo sus soportales de vigas de madera o pilares de piedra y recorrer calles que han sido testigo de la historia. Quizá su primer encuentro con la villa sea el imponente arco, el último vestigio de la abadía de San Benito que levantaron magnífica dos maestros con sillería de piedra. Tal vez haya llegado cruzando el puente del Cea, hecho de canto, hito de la calzada romana, camino que atravesaron los vacceos, en pie desde la Edad Media. Y quizá se haya dado ya de frente con el mudéjar auténtico de San Lorenzo, Santo Tirso, la torre de San Benito, la Trinidad convertida en albergue, San Juan y Santa Cruz y el nuevo encanto de La Peregrina. Si hay tiempo antes de comer, un paseo de apenas un par de kilómetros llevará al caminante hasta la ermita de La Virgen del Puente, la primera edificación de culto del Camino de Santiago en la provincia, con su pequeño ábside, la única de las cinco que había en Sahagún, Santa Marina, San Sebastián, San Lázaro, San Andrés y el Cristo del Humilladero, de las que hoy sólo queda el nombre.
Es buena tierra esta para deleitarse en el plato. Un vergel que alimenta la cocina. Imprescindible degustar los afamados puerros de Sahagún, que los monjes llegados de Cluny cultivaron aquí con dedicación. Se hacen de todas las maneras, rellenos, en pastel, en ensalada, a la parrilla... Son míticas también las legumbres de la zona, los embutidos y las carnes, deliciosos quesos y dulces para disfrutar la sobremesa, que a nadie amarga un amarguillo de Sahagún, ni tampoco los canutillos de crema o las galletas al hierro, fórmula magistral recuperada para estos tiempos modernos y que es delicia y regalo.
Es buena fecha acercarse a la villa desde el 12 de junio, cuando se celebran las fiestas de San Juan. Y disfrutar de un paseo entre arte, por calles y callejas de extremada belleza, dejarse seducir por una cocina con mucho fundamento y sumergirse en la ancestral tradición de los encierros, que datan aquí del siglo XII. En Sahagún, a un paso de León. Buen destino.