Volver a la Mazmorra
Es larga la historia de esta bodega que fue lugar de intrigas palaciegas. Bajo la protección de sus gruesos muros de piedra se reunían los conjurados para tramar sus revueltas políticas. Nadie veía, nadie escuchaba. Todo sucedía en los lúgubres calabozos del Palacio de Jabalquinto. Dicen que aquellas conspiraciones se regaban con jarras de buen vino y tortillas guisadas. Debió de ser así, porque así fue durante muchos años. Vuelve la tradición leonesa de comer huevos cocidos con pimentón. De charlar entorno a una mesa de cantina. Reabre la Mazmorra. Del medievo al siglo XXI.. La Mazmorra. Barrio Húmedo. Plaza de las Tiendas. C/ Juan de Arfe, 2 - 658 297 019.

F. OTERO PERANDONES
L os muros han recobrado sus piedras originales y el lugar conserva las huellas de lo que fue, una mazmorra. Dicen que sirvió de cárcel y encierro, no falta la leyenda de una bella dama rescatada por un caballero ni ocultas historias de poder y traición. Alacena y almacén del Palacio de Jabalquinto, levantado en el XVII, propiedad de una poderosa familia que ocultó su origen judío detrás de un escudo nobiliario, fue sobre todo la bodega donde el señor de la casa se reunía con los conjurados para tramar complots políticos. Se merendaba allí alta traición con jarras de vino y guisos a base de patatas. Y cuenta la tradición que el antiguo dueño del mesón heredó la costumbre tan leonesa de servir huevos cocidos condimentados con aceite y pimentón. Los ponía con cáscara, que los pelaran los clientes.
Eso mismo hace Alberto, el alma de esta nueva Mazmorra, que ha recobrado esa vieja costumbre de los huevos cocidos. Los pone con y sin cáscara, para que no se pierdan viejas mañas de esta tierra milenaria. Con él regresan las meriendas en grupo para degustar amistad, tortilla guisada y vinoteo aunque no se escuchen ya los rasgueos de guitarras ni los cánticos de buena hermandad. Pero se mantiene ese espíritu de camaradería y buenos ratos entre los centenarios murones que conservan esa temperatura constante de bodegas. No hace falta aire acondicionado. La sofoquina de este verano abrasador se diluye al atravesar la puerta. Es puro fresco, una delicia.
Todo igual, todo diferente. Como siempre pero tan nuevo. Se conserva la barra a la entrada, a la izquierda, y las mesas de taberna en una media planta, en el descansillo de las escalinata que lleva al comedor, abajo, en la bodega, remozada, con otra barra, con la piedra histórica por pared y los suelos de baldosa hidráulica.
Un lugar de tapeo y merienda, de vinos y cena, de guisos de tortilla, embutido, pulpo a la leonesa, entrecot y buenas tapas. El placer de reencontrarse con aquel viejo espíritu de la Mazmorra. El León de toda la vida en este siglo.