Diario de León

Romería de las Manzanedas. La reina del Torío

La romería de Las Manzanedas vuelve el lunes a su cita anual para rendir tributo a la patrona del municipio de Garrafe de Torío. La tradición popular y la fiesta se dan cita a orillas del flamante santuario con misa, jotas, lucha leonesa, juegos infantiles y la tradicional degustación de paella y chicharro de tino por la mañana y cecina de chivo por la tarde

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Ana Gaitero
León

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En el valle de Valdecarreros, entre Ruiforco y Manzaneda de Torío, se encuentra el santuario de la virgen de las Manzanedas. Al lado del antiguo Camino Real, en su fachada aún conserva símbolos de piedra —conchas y estrellas— como vestigio de un importante monasterio fundado por Alfonso III el Magno en el año 876. Las políticas de repoblación de la época incitaron a levantar el desaparecido monasterio.

Han pasado más de diez siglos y su eco pervive no sólo en el edificio sino en una de las tradiciones de más raigambre del valle del Torío. Cada lunes después del 15 de septiembre se celebra la Romería de las Manzanedas, una de las últimas de la temporada en la provincia de León, y la más emblemática de la ribera del Torío.

La Virgen de las Manzanedas es la patrona de los 15 pueblos, más una urbanización, que componen el municipio de Garrafe de Torío y a su devoción milenaria está unida el ritual de pendones y fiesta popular.

El Ayuntamiento de Garrafe de Torío, a cuyo frente se encuentra el alcalde Miguel Flecha, invita a todos los leoneses que quieran conocer a la reina del Torío y su ‘palacio’, el santuario recién restaurado, a esta romería que convierte un día de labor en un día grande.

Los actos comienzan el lunes 18 de septiembre a las 12.30 horas con la misa solemne en el santuario y la procesión con el desfile de pendones como custodios de la imagen que los vecinos llevan en su trono de andas. A la salida, los bailes tradicionales a cargo del grupo Aguzo y el concurso de jotas redoblan el colorido y la alegría de la fiesta.

La comida se mantiene fiel a la costumbre de ya muchos años, con paella popular y chicharro de tino y vino como platos del menú que se podrá degustar al precio de tres euros.

Por la tarde continúa la fiesta a partir de las 17.00 horas con juegos infantiles y el tradicional corro de lucha leonesa que contará con modalidad masculina y femenina. A la finalización de este espectáculo deportivo, sobre las ocho de la tarde, se degustará la cecina de Chivo de Vegacervera (1 euro). Para cerrar con buen sabor y más baile, fiesta continúa en el pueblo con una orquestina.

La romería de las Manzanedas cumple así un año más de regocijo en el valle del Torío, ofreciendo una jornada de disfrute popular tanto a vecinos y vecinas del municipio como a los numerosos visitantes que se acercan a disfrutar del programa festivo en un entorno natural privilegiado. Una extensa pradera a los pies del santuario y los árboles de ribera que ofrecen buena sombra para los últimos días del verano son la estampa que recibe a la romería con su bullicio de gente y con el colorido verde y bermellón de los pendones del municipio que acuden a arropar y rendir pleitesía a la virgen de las Manzanedas.

El santuario, como centro de escenario, ofrece el aliciente de verse renovado y con la cubierta restaurado para salvaguardar el edificio, que conserva en su fachada algunas piedras que recuerdan al antiguo cenobio románico. Especialmente emotiva para vecinos y vecinas es la procesión con la imagen de su patrona vestida de gala sobre el trono.

La imagen de la virgen de las Manzanedas está tallada en piedra calcárea de un color rojizo amarillento, como otras muchas imágenes de la catedral leonesa. Mide casi un metro de altura —55 centímetros— y tiene al Niño en su brazo izquierdo. En su mano derecha presenta una manzana. El Niño tiene la bola del mundo en su izquierda y está actitud de bendecir con su mano derecha.

Cada año se congregan en esta romería miles de personas que, por fe o afición a las fiestas populares, llenan de alegría el valle del Torío. Una ocasión en la que devotos y curiosos también pueden conocer por dentro el santuario en el momento en que luce sus mejores galas. Cabe destacar que este año se cumplen 50 años desde que en 1973 se descubrieron tras los altares barrocos que ocupaban los laterales del presbiterio, unas pinturas del siglo XV, probablemente de la época de reconstrucción del santuario. Son unos frescos que representan la fe y sus peligros. En una de las pinturas aparecen tres diablos alados y dos diablos cornudos, con rabo, pezuñas y espuelas en los pies, sujetando trompetas, tambores y un vaso de vino. Al otro lado del presbiterio, aparece un hombre en actitud de contemplación frente a la figura de un ángel, que podría representar el momento en que San Joaquín eleva sus oraciones.

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