Diario de León

El pueblo de León escondido entre hayedos donde nace el Sella, reconocido por la UNESCO… y ahora también por National Geographic

Soto de Sajambre, el pueblo leonés donde nace el Sella, guarda un bosque atlántico Patrimonio de la Humanidad y una escuela pionera que National Geographic acaba de redescubrir

El Hayedo de Cuesta Fría, Patrimonio Mundial, ofrece rutas inmersivas bajo un dosel de hayas que en otoño se tiñe de oro y óxido.

El Hayedo de Cuesta Fría, Patrimonio Mundial, ofrece rutas inmersivas bajo un dosel de hayas que en otoño se tiñe de oro y óxido.Getty Images

Patricia de la Torre
Publicado por

Creado:

Actualizado:

En el corazón de los Picos de Europa, en la vertiente leonesa de Castilla y León, un pueblo discreto se abre paso entre cumbres calizas, hayedos centenarios y ríos primitivos. Se llama Soto de Sajambre, y aunque su nombre aún no figure en las listas virales de escapadas rurales, National Geographic acaba de ponerlo en el mapa: «un pequeño valle conduce a un bosque atlántico protegido y a una escuela de 1907 que hoy es museo entre miradores», publican. La frase es sencilla, pero encierra una revelación doble.

Aquí, donde nace el río Sella (sí, el mismo que en Asturias se celebra en canoa cada verano), la naturaleza es patrimonio. El hayedo que abraza el valle ha sido reconocido por la UNESCO como parte de la red de Hayedos primigenios de Europa, una selección rigurosa de los últimos bosques vírgenes del continente.

Y como si ese privilegio no bastara, en el centro del pueblo espera una escuela que cambió la forma de enseñar cuando nadie lo hacía

El entorno de Soto de Sajambre combina la majestuosidad de la roca caliza con la serenidad de los hayedos que lo rodean.

El entorno de Soto de Sajambre combina la majestuosidad de la roca caliza con la serenidad de los hayedos que lo rodean.Getty Images

Soto de Sajambre: donde la caliza protege el bosque

Entre casas de piedra y calles empedradas, Soto de Sajambre se explica caminando. El viajero que llega pronto descubre que todo aquí está dispuesto para el silencio, la observación y el paseo consciente. Las fuentes antiguas, las huertas en terrazas y los senderos que nacen al pie de la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves forman parte de una geografía humanizada, pero sin perder lo esencial.

Desde el mismo pueblo parte la ruta hacia el Hayedo de Cuesta Fría, una masa forestal continua de más de 200 hectáreas donde las hayas tapizan la ladera con un frescor húmedo, donde los arroyos se cruzan por pasarelas de madera y donde el sol apenas consigue colarse entre las copas altas. El sendero, de dificultad media, atraviesa también el Roblón, un roble centenario convertido en emblema del valle.

National Geographic no exagera cuando dice que es «uno de los bosques protegidos por la UNESCO» más especiales del país. El reconocimiento forma parte de un proyecto transnacional que vincula estos ecosistemas vírgenes con su valor ecológico, geológico y cultural. Pasear por este hayedo es experimentar lo que la ciencia llama resiliencia ecológica, un lugar donde el tiempo se conserva y la biodiversidad se multiplica.

La escuela que se adelantó un siglo (y casi nadie lo sabe)

Pero si hay algo que distingue a Soto de Sajambre de otros enclaves de montaña es su legado pedagógico. Aquí, en 1907, se inauguró una escuela financiada por el indiano Félix de Martino. Un edificio sobrio y moderno para su tiempo, donde el maestro Leonardo Barriada aplicó un método que hoy calificaríamos de revolucionario: telescopios, mapas, experimentos de campo, educación activa.

Lo dice con claridad National Geographic: «el maestro aplicó hasta 1932 un método inspirado en la Institución Libre de Enseñanza: ciencias naturales con trabajo de campo, gabinete de instrumentos, mapas, planisferios, telescopio… Una revolución pedagógica». En una España que aún alfabetizaba con miedo y palmeta, en este valle recóndito ya se enseñaba a pensar, a observar y a experimentar.

Hoy la escuela funciona como museo y conserva materiales originales: planisferios, proyectores, gabinetes de ciencias y un archivo didáctico que asombra por su modernidad.

Aquí se viene a caminar, a escuchar el bosque, a entender el valor de lo antiguo y a respetar el ritmo de una montaña que impone su ley.

Las casas rurales ofrecen cocina local, conversación tranquila y calor de madera. Los productos son del valle: queso de Picos, setas de temporada, caza menor, caldo casero. En días largos, se puede enlazar con rutas como la Senda del Arcediano.

Y si algo confirma el reciente interés de National Geographic, es que todavía hay lugares en España capaces de sorprender sin ruido. Soto de Sajambre es uno de ellos.

tracking