Las cuevas de León que guardan animales de hace más de 50.000 años

El proyecto Frontera Cantábrica ha investigado más de 36 cavidades de la provincia y una nueva campaña en el Parque Natural de Babia y Luna ha recuperado cientos de fósiles que permiten reconstruir la fauna que habitó estas montañas durante el Pleistoceno

Imagen de Peña Ubiña, en el Parque Natural de Babia y Luna (León).EUROPA PRESS

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Las montañas de León esconden bajo tierra un archivo natural construido durante miles de años. Huesos de osos de las cavernas, leopardos, rebecos, zorros y martas permanecieron depositados en cavidades que ahora permiten reconstruir parte del mundo animal que ocupaba este territorio hace más de 50.000 años.

El proyecto Frontera Cantábrica lleva desde 2025 adentrándose en las cuevas de la provincia para localizar, documentar y estudiar ese patrimonio. Durante su primera campaña, el equipo trabajó sobre más de 36 cavidades y recuperó miles de restos fósiles y subfósiles de vertebrados. La investigación ha continuado en 2026 con una intervención de quince días en una cueva del Parque Natural de Babia y Luna.

Los resultados dibujan un paisaje muy diferente al que contemplamos hoy. Entre los animales identificados aparece el oso de las cavernas, una especie extinguida que ocupó estas montañas durante el Pleistoceno. A su lado surge ahora otro protagonista inesperado: el leopardo, cuya presencia ha quedado documentada por primera vez en el registro fósil de la provincia de León.

Las cuevas de Babia y Luna conservan cientos de fósiles de oso de las cavernas

La segunda campaña de Frontera Cantábrica ha permitido recuperar alrededor de 500 fósiles de oso de las cavernas en una cavidad del Parque Natural de Babia y Luna. Los investigadores han identificado restos correspondientes a más de cinco nuevos individuos, que se suman a los localizados durante los trabajos anteriores.

La campaña de 2025 ya había proporcionado en esta zona restos correspondientes a al menos tres ejemplares de Ursus spelaeus, entre ellos un individuo infantil. Aquellos descubrimientos constituyeron la primera presencia constatada de esta especie en la provincia.

En las cuevas donde se encontraron los restos con el Grupo de Intervención de Trabajos Verticales de Medio Ambiente.José Manuel Castrillo Pérez

Los trabajos de 2026 refuerzan ahora la relevancia del enclave. La acumulación de restos permite confirmar una presencia continuada de estos grandes mamíferos en la cavidad y aporta material para estudiar cómo vivían, cómo se distribuían sus poblaciones y qué ecosistemas ocupaban.

El interés crece por la propia situación geográfica del yacimiento. La vertiente situada al sur de la Cordillera Cantábrica cuenta con menos registros paleontológicos estudiados para estas cronologías, por lo que cada nuevo fósil ayuda a completar una parte del mapa que permanecía poco documentada.

En las cuevas donde se encontraron los restos con el Grupo de Intervención de Trabajos Verticales de Medio Ambiente.José Manuel Castrillo Pérez

Las cuevas de Babia y Luna revelan por primera vez la presencia del leopardo en León

Entre los restos recuperados aparece también una especie inesperada para buena parte de quienes contemplan hoy las montañas leonesas: el leopardo.

La campaña ha permitido documentar por primera vez su presencia en el registro fósil de la provincia de León. Este depredador formó parte de las comunidades animales que ocuparon las montañas europeas durante el Pleistoceno y sus restos resultan poco frecuentes dentro del registro fósil de la península ibérica.

Su identificación amplía la imagen de aquel ecosistema. Los investigadores han recuperado también restos de rebecos, zorros, martas y pequeños mamíferos, especies que ayudan a reconstruir un territorio habitado por una fauna diversa y sometido a condiciones ambientales diferentes a las actuales.

Cada hueso aporta así una pieza de información. El conjunto permite aproximarse a las relaciones entre las especies, la evolución de los ecosistemas y los cambios experimentados por la fauna durante miles de años.

Virginia Moran

Las cuevas de Babia y Luna coinciden con una etapa clave de la presencia humana

La antigüedad de algunos restos añade otra dimensión al descubrimiento. Las cronologías documentadas por el proyecto superan los 50.000 años y coinciden con periodos especialmente relevantes para estudiar la evolución humana.

Durante algunas de esas etapas, poblaciones de neandertales y posteriormente los primeros representantes de nuestra especie ocuparon el territorio que hoy corresponde a León. Los investigadores estudian por ello las cavidades desde una perspectiva que abarca tanto la fauna como la posible relación de las personas con estos espacios.

La campaña desarrollada en Babia y Luna también ha documentado accesos humanos reiterados a la cavidad desde, al menos, la prehistoria reciente. La combinación del registro paleontológico y las evidencias relacionadas con la presencia humana permite reconstruir distintos capítulos de la utilización de la cueva a lo largo del tiempo.

Las cavidades funcionan así como depósitos donde quedan superpuestas distintas épocas. Sedimentos, huesos y otras evidencias conservan información sobre animales, condiciones ambientales y ocupaciones humanas que los investigadores pueden ordenar mediante el estudio de cada nivel.

Las cuevas de Babia y Luna se reconstruyen también en tres dimensiones

Llegar hasta un fósil constituye solo una parte del trabajo. Durante los quince días de campaña, el equipo ha realizado el mapeo tridimensional de la cavidad, el estudio de sus estratos y la documentación espacial de los puntos de excavación.

Los sedimentos extraídos pasan además por procesos de cribado y lavado que permiten recuperar piezas de pequeño tamaño capaces de pasar inadvertidas durante la excavación. Los ejemplares encontrados se limpian, preparan y documentan para continuar después su estudio.

El proyecto incorpora también técnicas destinadas a avanzar en la datación de las acumulaciones paleontológicas y la digitalización en 3D de los fósiles. Esta última permite conservar una reproducción digital precisa de cada pieza y facilita su análisis posterior.

Los huesos recuperados permiten mirar estas montañas desde otra perspectiva. Donde ahora aparecen prados, pueblos y espacios protegidos, hace decenas de miles de años se movían osos de las cavernas, leopardos, rebecos, zorros y otros animales cuyos restos terminaron preservados bajo tierra.

Las cuevas han actuado como depósitos naturales capaces de conservar una parte de esa historia durante miles de años. El estudio de sus sedimentos y fósiles permite ahora reconstruir qué especies ocuparon el territorio y cómo fueron cambiando sus ecosistemas.

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Más de 50.000 años después, aquellos animales continúan contando su historia desde el interior de las montañas leonesas.