Veredas a la luz del otoño leonés
Recorrer la provincia de León en estos meses a través de las veredas de sus caminos históricos se convierte en una experiencia inolvidable coloreada en tonos tierra

Paseo otoñal por Sahagún
La red de caminos históricos que atraviesa la provincia de Léon ofrece al senderista una experiencia otoñal marcada por la luz de sus amaneceres y atarceres. Desde septiembre hasta diciembre, la provincia comienza a registrar madrugadas más frías y el cambio de color en la vegetación convierten a estos trazados en alternativas ideales para quienes buscan caminar con tranquilidad y descubrir los paisajes pintados al pie de la Cordillera Cantábrica.
El Camino Olvidado es una de las opciones menos conocidas para recorrer el norte de la provincia en otoño. Esta ruta medieval, que transcurre por las faldas de la Cordillera Cantábrica, entra en la provincia por la Montaña Oriental a través de Cistierna y avanza hacia Boñar, La Robla, Los Barrios de Luna y Fasgar, en plena Omaña, para luego descender hacia la comarca del Bierzo por el valle de Fornela o unirse a la Ruta Jacobea en Villafranca. En otoño, esta travesía es un espectáculo natural continuo con un trazado que atraviesa hayedos, robledales y valles que se tiñen de tonos cobrizos y dorados. Se trata de un camino con veredas muy poco masificadas, que se muestra perfecto para quienes buscan el placer de contemplar la naturaleza en su estado más puro, con las temperaturas frescas de montaña que no dejan pasar aún el frío que trae el invierno.
Por el sur de León, el tradicional Camino de Santiago Frances sortea entre campos su entrada en la provincia a través de una llanura de cultivos que en estas semanas de otoño muestra las tierras segadas, tonos pardos y ocres que dibujan un paisaje infinito, roto solo por las joyas mudéjares de piedra que se asoman al acercarse al perfil de Sahagún. La villa facundina medieval fundada alrededor de un monasterio dedicado a los santos Facundo y Primitivo es un tesoro monumental y en su entorno reposan las fincas que han dejado atrá el verdor del cereal de primavera y el ajetreo de la cosecha en la época estival. En otoño cae la afluencia de peregrinos en el camino más conocido del mundo, y el caminante avanza sin aglomeraciones, disfrutar del esplendor de los monumentos de la capital a la luz del atardecer y cruzar el histórico puente de Hospital de Órbigo sobre uno de los ríos más característicos de León. El paso por la Maragatería y las calles de Astorga y la subida hacia los Montes de León y la Cruz de Ferro discurre entre robledales que van perdiendo la hoja, mientras que el tramo final por el Bierzo, pasando por Molinaseca y Villafranca, coincide con los viñedos y castañares tiñéndose de rojo tras la vendimia.
Y en otoño, qué mejor época para disfrutar del Camino Vadiniense, que conecta el Camino del Norte desde Liébana con el Francés en Mansilla de las Mulas y ofrece un panorama idílico al comienzo del otoño. La ruta recorre el valle del Esla, pasando por parajes que dejan estampas inolvidables como los parajes que rodean Riaño y Crémenes. En esta estación, los hayedos y los bosques de montaña lucen una variedad de tonos dorados difícil de ver el resto del año. Es un trazado exigente, pero muy gratificante antes de que las primeras nieves de finales de otoño compliquen los pasos de montaña.

Una casa en Murias de Paredes
Otra opción llena de historia es la Camino de Kunig, trazado a finales del siglo XV por el monje alemán Hermann Kunig para evitar las duras pendientes del Puerto de Foncebadón. Esta variante se desvía en la capital leonesa por el Órbigo, en San Martín del Camino hacia Santa Marina del Rey para seguir por Benavides y adentrarse en la Cepeda. Cruza toda la comarca para desembocar en el valle del río Tremor antes de enlazar con el Bierzo por Ponferrada. En otoño, este itinerario poco transitado discurre entre pueblos, robles y valles delineados por hileras de chopos amarillos.

Paraje de Boca de Huérgano
Y a partir de Ponferrada nace el Camino de Invierno, la ruta histórica que utilizaban los peregrinos en la época medieval para evitar las cumbres de O Cebreiro en los meses fríos. Este recorrido bordea el río Sil cruzando la comarca hacia Las Médulas y adentrándose hacia la Ribeira Sacra. Hacerlo en otoño supone disfrutar de temperaturas cómodas con un paisaje diseñado a través de los soutos de castaños centenarios y de las laderas escalonadas que ofrecen los viñedos que cambian del amarillo del verano al rojo intenso.