Diario de León

El lago de Babia en cuyo entorno crecen plantas carnívoras

A 1.860 metros de altitud, una pequeña laguna de Riolago conserva una vegetación singular que depende del agua

Vista del lago Chao y su entorno montañoso en Babia.

Vista del lago Chao y su entorno montañoso en Babia.Asturnatura.com

Patricia de la Torre
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Las plantas carnívoras también tienen sitio en la montaña leonesa. En el entorno del lago Tchao, conocido como laguna de Riolago, crecen droseras entre la vegetación de las turberas. Este enclave de Babia se encuentra a 1.860 metros de altitud y reúne una pequeña lámina de agua permanente y un humedal de elevada fragilidad.

El Tchao forma parte del paisaje de lagos y lagunas de Babia y del conjunto de zonas húmedas de la provincia de León. La ficha del Ayuntamiento de San Emiliano le atribuye 1,35 hectáreas y unas dimensiones de 214 por 55 metros. El acceso parte de Riolago, uno de los pueblos incluidos en el patrimonio de Cuatro Valles. En la misma comarca se encuentra Torre de Babia, junto a otro de sus lagos conocidos, la laguna de Las Verdes.

Dos explicaciones para la formación del lago

La ficha municipal relaciona el origen del Tchao con la actividad glaciar del macizo del Alto de la Cañada. Describe una excavación del terreno por el hielo y el cierre de la salida del agua por una morrena, el depósito de materiales que deja un glaciar.

Un reportaje de Diario de León publicado en enero de 2025 sobre el inventario de lagos y lagunas de un equipo de la Universidad de León atribuye la formación del Chao, en Riolago, a un deslizamiento todavía inestable.

El agua llega a través de un arroyo, de aportes subterráneos y de la escorrentía procedente de la lluvia y el deshielo. La descripción municipal clasifica la laguna como permanente y relaciona ese suministro con la continuidad del agua durante el año. En sus márgenes se desarrolla la vegetación que convierte el entorno en un lugar de interés botánico.

Entre esas formaciones figuran las turberas, humedales donde la acumulación de agua ralentiza la descomposición de los restos vegetales. La Universidad de Cantabria explica que la falta de oxígeno en el sustrato dificulta la actividad de los organismos descomponedores. Los restos se acumulan y forman turba, un depósito orgánico distinto del suelo de una pradera.

Los musgos del género Sphagnum son característicos de muchos de estos ambientes. Junto a ellos aparecen especies adaptadas a condiciones que resultan difíciles para otras plantas. La documentación de San Emiliano identifica las droseras en el entorno del Tchao, aunque no concreta una especie ni ofrece un inventario de su distribución dentro del enclave.

Las pequeñas trampas de las droseras

Las droseras capturan pequeños organismos mediante las secreciones pegajosas de sus hojas. Esa capacidad les permite obtener nutrientes en ambientes donde escasean algunos de los elementos necesarios para crecer. Su tamaño obliga a fijarse en los detalles y a distinguirlas entre el resto de la vegetación húmeda.

El interés del lugar alcanza al conjunto de la turbera. Estos humedales retienen agua y materia orgánica, almacenan carbono y sostienen comunidades de seres vivos muy especializadas. Son funciones generales de las turberas descritas por la Universidad de Cantabria; en el Tchao, la ficha local subraya la necesidad de conservar la pequeña zona turbosa que acompaña a la laguna.

La misma documentación atribuye al enclave una fragilidad alta y señala la presión turística y los usos agropecuarios entre sus amenazas. También recoge su utilización como abrevadero. El agua que da vida a la vegetación reúne distintos usos en un espacio de dimensiones limitadas.

El acceso parte de Riolago. El Ayuntamiento lo describe como complicado y recomienda llevar cartografía adecuada, un dato que conviene tener presente antes de plantearlo como un paseo. La altitud añade condiciones de montaña, por lo que la previsión meteorológica, las horas de luz y el estado del terreno deben formar parte de la preparación de la salida.

Observar las plantas exige respetar el terreno encharcado y evitar el pisoteo de la zona turbosa. La conservación depende del agua y de la continuidad de esa cubierta vegetal. Acercarse hasta una drosera para fotografiarla puede causar daños si obliga a abandonar el suelo firme y atravesar el humedal.

La presencia de estas plantas está documentada, pero su observación cambia según la época y el estado de la vegetación. El recorrido conserva otros detalles en los que detenerse, como el arroyo que alimenta la laguna y los musgos asociados al humedal. La pequeña zona turbosa necesita espacio para seguir acumulando agua y materia vegetal.

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