El café que se prepara sin cafetera y todavía pone el broche al cocido maragato en León
Las ferias de Babia y las antiguas cantinas de la capital guardan pistas de una costumbre que sigue encontrando sitio al terminar la comida
El café de puchero conserva su sitio después de una de las comidas más reconocibles de León
El cocido maragato termina con la sopa, pero la sobremesa todavía tiene otro servicio pendiente. El café de puchero conserva su sitio después de una de las comidas más reconocibles de León. Su nombre remite al recipiente donde se prepara, con el café molido en contacto con el agua caliente antes de separar los posos y llevar la bebida a la taza.
Su presencia en León va más allá de los comedores de Astorga y la Maragatería. En marzo de 2022, un reportaje sobre una cantina del barrio del Mercado describía la estufa de carbón que calentaba el local y mantenía caliente el café de puchero. Más atrás quedan los recuerdos de la antigua feria de Santa Marina de Babia, donde el café era transportado en grandes recipientes.
De las ferias de Babia a la sobremesa de hoy
En Quintanilla de Babia, la feria de Santa Marina era una cita de ganado, compraventas y encuentros. Las lonas grises y blancas daban cobijo a los puestos, mientras los asistentes llegaban a caballo, en carro y, en los últimos años de aquella etapa, también en motocicleta. Al caer la tarde, los tratos dejaban paso al baile.
El café forma parte de los recuerdos que han sobrevivido a esa feria. Se llevaba en grandes recipientes, un detalle que permite imaginar el traslado de la bebida hasta el lugar donde se reunían los vecinos. El puchero aparece aquí asociado a una jornada colectiva, junto al vino, las primeras cervezas y las gaseosas que se despachaban bajo las lonas.
Estos testimonios fueron recuperados mediante un Laboratorio de Memoria vecinal del proyecto Cultur-Monts. La iniciativa contó con la participación del Instituto de Ciencias del Patrimonio del CSIC y la Reserva de la Biosfera de Babia, con financiación del programa europeo Interreg Sudoe. Su trabajo reunió recuerdos sobre los desplazamientos, los puestos, la música y las relaciones que nacían alrededor de la feria.
La recuperación de esa memoria acompañó el regreso de la celebración a Quintanilla en julio de 2026. Entre los detalles recordados estaba incluso el sabor de aquel café. La bebida quedó registrada junto a escenas como la de las mozas que llevaban los zapatos de baile en una bolsa para no estropearlos durante el camino.
Un puchero para servir varias tazas
En aquella cantina del barrio del Mercado, la estufa de carbón compartía espacio con las mesas corridas, los bancos de madera y una barra de mármol blanco. El mismo calor que templaba el establecimiento mantenía caliente el café de puchero.
Estufa de carbón con la que se templaba el bar y se mantenía caliente el café de puchero
El calor servía al local y al recipiente que esperaba el siguiente servicio. Frente al café preparado taza a taza, el puchero permitía disponer de una cantidad de bebida para repartirla después.
Esa relación con los comedores continúa en la sobremesa del cocido maragato. El orden de este plato empieza por las carnes y el relleno, sigue con los garbanzos y las verduras y acaba con la sopa. Después pueden llegar las natillas con roscón y el café. El de puchero comparte hoy ese momento con el expreso y las infusiones.
Prepararlo sin cafetera exige prestar atención al contacto entre el agua y el café molido. La cantidad utilizada, la molienda y el tiempo influyen en el resultado. Después hay que separar los posos, con un colado adecuado, para que no terminen en la taza.
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