Los chóferes de Pereira
«Tengo aversión al coche, y más con el mucho tráfico, y más si es de noche». Lo escribe A. Pereira en su póstumo Oficio de mirar (Andanzas de un cuentista, 1970-2000), a pesar de su vida de viajante, con mil historias —antológico el viaje con A. G. de Lama—, aunque después cambiaran las cosas. Se refiere también, en este caso, a don Filemón de la Cuesta, que fuera director de este periódico, y que «habría hecho en toda su vida una o dos docenas de viajes en automóvil, alguna vez conmigo, a Madrid, a ver al reumatólogo que lo atiborraba de pastillas. Pese a tan escaso kilometraje, publicó un amplio ensayo sobre los deberes morales de los conductores, que contenía detalles técnicos y fue considerado en un congreso internacional del automóvil». Y Pereira «en auto, en tren, en avión, en tartana, en barco… y en burro. Y hasta en ambulancia había viajado yo».
Viajero impenitente, lo del coche en los últimos tiempos era cosa de Úrsula, cuando no del taxista de turno, aunque siempre hubo alguno de especial confianza. Y también entre sus chóferes ocasionales del mundo leonés de las artes y las letras. «Los escritores leoneses —dice— suelen casar con mujeres bien escalafonadas, que además les conducen el coche». Un ejemplo es «Luis Mateo, a expensas de su Margarita». Curioso el ejemplo de Crémer, que «fue a una academia en León, se compró un coche y al estrenarlo por la carretera de Asturias se fue a la cuneta, regresó a pie después de cagarse en el invento y darle patadas, y ya nunca más».
El libro tiene mil datos y anécdotas curiosas. Pero, en el momento de las preferencias por determinados chóferes, dos son sus predilectos. Para ir al cementerio cuando murió Ángel María de Lera, «tuve plaza en el coche de Jesús Torbado». Y en otro momento —después de una poco grata peripecia automovilística— «viajaría a ojos cerrados con Jesús Torbado, se ve que hay de todo, y además el coche de Jesús es también su casa». La otra preferencia es Sendo. Coincidentes en Lisboa, «iba a subirme al coche de Sendo el pintor, que me inspira confianza conduciendo y en todo…», pero no lo pasó tan bien en el coche en el que fue al fin, el de «una escritora que va accionando en actitud aparentemente descuidada…». Eso sí, «conseguí que al hotel me devolviera Sendo en su coche, de madrugada».
Se alargaría en demasía este tipo de referencias. Sus experiencias viajeras darían mucho de sí. Nada mejor que leerlo. Es gratificante.