Diario de León

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E la película Esperanza y gloria , tras anunciarse a los niños de un colegio inglés que las clases quedan anuladas por la guerra salen en estampida al patio, arrojan sus gorras al aire, y gritan eufóricos al unísono: «¡Gracias, Hitler!». Me preguntó que exclamarán nuestros hoy presuntos cateados si mañana se les confirma que pueden pasar de curso por ciencia infusa. Entiendo la dificultad de improvisar enseñanza no presencial, pero a algunos la medida puede hacerles creer que dos y dos son cinco. ¿Y si esto dura mucho más de lo previsto? Toda esta adversidad ha de servir para madurar más rápido, para que anhelen estar entre quienes contribuyan a hacer un mundo más justo. Precisamente, la pandemia nos está demostrando la importancia de los buenos profesionales, en todas las áreas. Nadie sobrará para que todo funcione de nuevo, no como antes sino mejor, seas cajera, taxista, enfermera o cirujano… El valor del esfuerzo, tanto del personal como el colectivo, debería ser una de las lecciones que nuestros estudiantes aprendan del confinamiento. Hagan trabajos, lean, escriban sus vivencias. Todo menos ser aprobados sin más, en la hora del necesario golpe de timón. Lo digo con la auctoritas que me da haber sido un crío más concentrado en la bella Rosamunda que en los reyes godos. Luego me dio un yuyu y me volví empollón tardío. Por cierto, cuando mi madre me escuchaba protestar de algún plato, pongamos de las espinacas, decía: «¡Cómo se nota que no has pasado una guerra!». Su generación pasó estrecheces, durante y después. A mí hace ya mucho que me gusta esta verdura y desde la mili no he cogido nada que tenga bala. Gran labor la del Ejército.

Según el vicepresidente Pablo Iglesias él tiene «la suerte de vivir en una casa con jardín». Hombre, en la suya entran dos sueldazos, más los extras. Todo un privilegio, aunque sea legítimo. Un chalé en Galapagar no te lo encuentras en la calle.

Ojalá nuestros adolescentes sepan percibir que el examen que más importa empezó el primer día de confinamiento, en una asignatura llamada Conducta. Y si tienen dudas sobre el temario que pregunten a sus padres o a sus abuelos. A ellos hubo un tiempo en que, seguro, tampoco les gustaban las espinacas.

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