Desatención de Unicaja que asfixia a los pueblos
La vida en los pueblos sólo puede mantenerse si consiguen unos mínimos servicios. No se trata únicamente de una cuestión de las administraciones públicas, que no es malo recordar que tampoco pueden ser las que paguen todas las facturas porque el dinero de nuestros impuestos obviamente es limitado. Hay otros elementos en la sociedad que están obligados a devolver los enormes beneficios que obtienen de ellas. Unicaja Banco tiene un deber con los pueblos leoneses que no puede eludir. Por una razón de justicia, porque como dice la sabiduría popular no se puede morder la mano que te da de comer. Y si esta entidad es hoy lo que es, se lo debe a los miles de leoneses que apostaron por la Caja en la que hunde sus raíces.
Y resulta fundamental recordar que hoy pelear contra la despoblación es un objetivo trasversal para todos, y si a todas las empresas es exigible un compromiso social que les haga atender no solo la demanda de los lugares y colectivos que le facilitan más beneficios, esto en el caso de la banca tiene que ser incuestionable por los privilegios que recibe de manera reiterada en todo tipo de órdenes.