Quien bien te quiere
Recibo un correo de un colega que difunde, en la Red, un diario muy divertido sobre su confinamiento. Me plantea una duda que le preocupa en sus escritos: «¿Es ético sacarle el lado chispeante a todo lo relacionado con el coronavirus, cuando está provocando tantas muertes?». A todo no, contesté. Y discernirlo forma parte del reto ético que lo gracioso ha de conllevar. No obstante, su pregunta parte de un equívoco sobre la naturaleza del humor. Cervantes estuvo cinco años preso en Argel, ¿alguien que haya leído el Quijote, puede dudar que además de llorar su desdicha también se río de ella? Estoy seguro que bromeó hasta de su manquedad. «Pues cuando Avellaneda se rió de esta no le hizo ninguna gracia», se me argumentará. Cierto, porque no es lo mismo reírte tú de lo propio que otros lo hagan de lo tuyo. El confinamiento por el coronavirus resulta compatible con el humor, pero hay que tener sentido de la oportunidad, pues la sagrada misión de un gag no es que su autor ría sino que lo hagamos los demás; y especialmente quienes necesitan consuelo. Así lo hizo Cervantes, quien se despidió del mundo con risa épica: «adiós gracias; adiós donaires; adiós regocijados amigos; que yo me voy muriendo…». Pero a nosotros nos queda mucho que reír. Una vez la hostelería reanude su actividad, más de un amigo tiene que pagarse algo. «O algos», que diría Sancho. Como coreaban los legionarios romanos, antes del combate: «Morir habemus, sí, pero no queremus». Ah, el latín.
A partir de este domingo, los niños podrán salir a pasear una hora. Si escuchan que Caperucita Roja puede salir dos porque vota a Podemos… ni caso, es bulo. Cuando le pregunté a mi mujer si creía que podríamos pasar por madre e hijo, si me pongo pantalón corto y camiseta de Naranjito, me espetó el refrán « entre dos que bien se quieren, con uno que ría basta». Ah, el refranero conyugal.
Le recomendé, pues, al colega: «si tienes dudas sobre la conveniencia de un enfoque humorístico…no lo escribas, aunque solo te mueva el animus jocandi». La mayoría de las veces las mismas obedecerán a un exceso de tacto, pero otras serán sutil destello de la conciencia. No hay gran humor sin ética. Quien bien te quiere te hará reír… con casi todo.