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Seleccionadores del fútbol patrio casi todos, lo que uno no sabía es que también abundan por estas geografías del confinamiento epidemiólogos y virólogos de muy diversa catadura. Entre los políticos especialmente, que pierden el culo por decir algo, lo que sea, con tonterías mayúsculas, propuestas peregrinas y pijaditas múltiples. Antologías del disparate y la provocación. Para qué se pagan legiones de asesores, algunos falsos, otros de cabecera, si teniendo que hablar no hablan y con frecuencia se silencian si lo que dicen no resulta conveniente. A qué. Para quién. En pleno siglo XXI, la época del rigor científico, la instrumentalización política y banal es un peligro de irresponsabilidad. Solo son válidas las «estrategias basadas en la ciencia, para reemplazar las intuiciones improvisadas de los líderes políticos», según Mauro Ferrari, Presidente del Consejo Europeo de Investigación, que dimitió precisamente por su decepción en este asunto.

Cierto es que, pasado el toro, tomos somos valientes. A posteriori todos sabemos qué hubiéramos hecho, aunque los datos son obstinados y demuestran lo contrario. Por más que se empeñen en guerra y confrontación abiertas, con un lenguaje, además de indigno y zafio, muy peligroso. Que se lo pregunten a unos y otros, además de a los clavos ardiendo de la «leal oposición», de la que se salva, a mi juicio, por su responsabilidad y sentido en estos momentos, el alcalde de la capital de España. Dignidad y agradecimiento. El problema debería estar en la pandemia, no en los políticos, que se hartan de bulos, mentiras, disparates y vilezas, de un nivel y una bajeza que no solo producen indignación, sino miedo, lo más temible. Hay asuntos con los que no se puede jugar, ni en broma. Nunca están a la altura. No parece interesarles esa curva, solo su curva. Abusan de un pueblo que no se merecen.

No se salva buena parte del gobierno y sus voceros de diversas geografías. El mejor trono es el de la humildad en los tiempos en que las fidelidades irracionales son menos importantes que las eficacias. El espíritu tendencioso es una amenaza, ¿verdad, señor Tezanos? Cállense muchos, por favor. Y sean eficaces las comparecencias del que más manda, no mítines. Mensajes directos, precisos, fáciles de entender y cumplir, nunca soporíferos, impostados y de recorrido por los cerros de Úbeda. No sé por qué unos y otros quieren seguir enturbiando las aguas cuando tanto las necesitamos.