La película que nunca verás
Está encerrada en una caja fuerte y no hay forma de abrirla hasta dentro de noventa y cinco años. No hay ninguna llave, ninguna clave, ninguna combinación de números que adelante el misterio. Solo el paso del tiempo.
Les estoy hablando de una película rodada hace cinco años, un largometraje de ciencia ficción dirigido por Robert Rodríguez, protagonizado por John Malkovich, excéntrico y genial, y del que solo existe una copia guardada en una caja de seguridad con un cronómetro. La cuenta atrás comenzó hace cinco años y la puerta solo se abrirá de forma automática cuando el contador llegue a cero. Eso será el 18 de noviembre del año 2115.
Se titula, claro, Cien años, la película que nunca verás, y efectivamente, ninguno de los que estamos aquí vivirá para verla. El largometraje, cuenta Marcel Guinot en la revista Uppers.es, transcurre en tres escenarios; el primero en una Tierra devastada, el segundo en un planeta que ha logrado adaptarse a la evolución de la tecnología, y el tercero en una guerra que enfrenta a la humanidad con los cyborgs. De la trama nada ha trascendido.
Y entra vértigo, en este tiempo de pandemia, imaginar cómo será el mundo dentro de 95 años. Pensar en los efectos del cambio climático, la contaminación de los océanos, el deshielo de los polos, los bosques quemados, la deforestación de la Amazonia, las olas de calor, ¿las hambrunas? ¿nuevos virus que nos tengan encerrados? Porque uno tiende a ponerse en lo peor, y aunque siempre exista la posibilidad de que aprendamos algo de esta crisis, la generación que sufrió la Segunda Guerra Mundial, la guerra que iba a enterrar todas las guerras, también pensó algo parecido. Y seguimos matándonos.
La película de Robert Rodríguez y John Malkovich, patrocinada por una marca de licor, se proyectará en la ciudad francesa de Cognac ante un público escogido; los herederos de los mil invitados que hace cinco años, coincidiendo con la presentación del misterioso largometraje en el Festival de Cannes, recibieron una entrada para asistir al estreno el próximo siglo. Una entrada que pasará de padres a hijos, y posiblemente de abuelos a nietos. Y si ocurriera lo mismo con los traumas colectivos, si las nuevas generaciones heredáramos el dolor de las guerras de nuestros padres, o la incertidumbre de una pandemia como esta nuestros hijos, no estaríamos abocados a equivocarnos siempre en lo mismo. Pero esa película tampoco la veremos.